Yael Frankel: “En literatura infantil falta explorar lo tabú, lo que el adulto considera que ‘no se puede’ hablar con los chicos”

La reconocida autora argentina de literatura infantil, Yael Frankel, conversó con Señalador sobre la novedad “Pequeños lectores”, su primer libro para adultos en clave de ensayo personal, en donde cuenta de manera profunda, sensible y honesta el trasfondo de su proceso creativo.

La escritora e ilustradora Yael Frankel en Niño Librería antes de la presentación de su libro «Pequeños lectores». Buenos Aires 12 de agosto de 2025. Andrés Wittib, Señalador

¿Cómo trabaja y edita una autora de libros infantiles? ¿cómo elige qué historias contar?, ¿qué artes atraviesan y potencian su proceso creativo?, estas son algunas de las preguntas que transita en su ensayo personal “Pequeños lectores” (Ed. Gris Tormenta) la ilustradora y narradora Yael Frankel (57).

Se trata de su primer libro “hecho solo de palabras”,  que es una de las novedades de este mes y ya llegó a librerías luego de su lanzamiento en la Feria de Editores (FED).

La publicación forma parte de la colección “Editor” de la editorial mexicana, en la que se muestra el “backstage” del mundo editorial, al revelar historias que suceden antes de que un libro sea abierto por los lectores.

“Un hueco” (Ed. Calibroscopio), “El ascensor” (Ed. Limonero), “Todo lo que pasó antes de que llegaras” (Ed. Limonero), “A simple vista” (Ed. Amanuta), “De un gris antiguo” (Con texto de Alejandra Kamiya, Ed. Limonero), son solo algunos de los 50 libros realizados por Frankel a lo largo de su extensa trayectoria como autora integral publicada en Argentina, Colombia, Chile, España, Italia, Francia, Suiza y China. 

Entre otros reconocimientos internacionales, en 2015 Frankel ganó el Premio de ilustración Fundación SM Argentina; en 2019 las ilustraciones de «El ascensor» ganaron el primer premio en el Festival de Literatura para niños de Sharjah, Emiratos Árabes; en 2023 fue galardonada como la mejor ficción en la Feria Internacional del Libro Infantil de Bologna por el libro “Todo lo que pasó antes de que llegaras”. 

Diseñadora gráfica de formación, antes de convertirse en autora de libros álbum para chicos, trabajó creando empaques de juegos para las infancias. En la actualidad es una de las autoras más relevantes del campo de la literatura infantil y juvenil.

“Yo no sé dibujar, en el sentido que todos pensamos cuando pensamos en la palabra dibujar: copiar de la realidad, hacer una cara perfecta (…) Eso nunca me salió, nunca me saldrá y no tengo la intención de que me salga”, dijo Frankel  entrevistada por la escritora y periodista Valeria Tentoni en la presentación del libro, que se realizó el pasado martes en Niño Librería, en el barrio porteño de Villa Ortúzar.

“Me interesa cien veces más narrar con un dibujito, con una línea, con un ojito, que es un punto apenas, con una oreja que puede ser solamente una semicírculo y que no tiene que tener todos los pliegues que tiene la oreja para convertirse en una oreja. Narrar con dibujos es escribir con dibujos, es lo que a mí más satisfacción y alegría me da”, completó la autora.

Dentro de la librería (que se prolongó hasta la vereda por la cantidad de público que asistió), Frankel contó que para sostener un personaje en un libro “tiene que ser entrañable (…) No me gustan esos personajes que son buenos o malos, lindos o feos, los famosos libros de oposiciones. Me gusta el personaje complejo, que tiene mucho de lo que tenemos todos nosotros: bueno, malo, lindo, feo, caprichoso, comprensivo. Me gusta humanizar a los dibujitos”. 

«Pequeños lectores», el primer libro para adultos de Frankel.

Señalador (S): ¿Qué sentiste al ver publicado tu primer libro hecho solo de palabras?

Yael Frankel (YF): Sentí pánico, porque no estoy acostumbrada. Primero soy ilustradora, después escritora. Tengo unos 50 libros publicados, pero no me considero escritora, sino más bien ilustradora. No sabría decir cuándo empecé como escritora, fue más o menos al mismo tiempo que me largué a dibujar, porque para mí dibujar era leer ilustraciones. Así como puedo leer ilustraciones, puedo escribir ilustraciones, en lugar de con letras con dibujos. Siempre cuando veo un libro mío lo primero que veo son las ilustraciones y en “Pequeños lectores” ver solamente mi nombre con el título del libro me agarró un poco de pánico escénico. Y también sentí que nunca más iba a publicar otro libro para adultos, porque el proceso me fue demasiado difícil. Nosotros los que escribimos e ilustramos para niños tenemos muy poco texto en realidad en el libro álbum. Los libros álbum no son los libros ilustrados, sino los libros que juegan tanto con el texto como con la ilustración y tienen doble lectura. En general, prevalece mucho más la ilustración y tenemos muy poquito texto. Pero largarme así, de repente, a escribir tantas páginas, era bastante tortuoso. Yo pensaba ‘¿cuándo terminará esto?’ y todo el tiempo tenía imágenes en la cabeza y ganas de dibujar, pero no se puede porque es un libro para adultos. Incluso en un momento abandoné y les agradecí a los tres editores del libro, por todo el trabajo inmenso que estaban haciendo conmigo, pero sentía que estaban tratando de exprimir un jugo o algo que no salía, porque, en principio, no es lo mío, y me exigían, en el buen sentido de la palabra, que yo profundice lo máximo posible todo eso que nombraba como si fuese casi una anécdota…y ellos no querían un libro de anécdotas. Yo pensaba que con cinco o seis anécdotas de todo lo que pasa detrás de un libro álbum para chicos iba a ser más que suficiente, pero no, era solo el puntapié inicial. De eso me dí cuenta tarde.

S: Lo curioso es que en el libro contás que la publicación comenzó por iniciativa tuya enviando mail a la editorial que no aceptaba propuestas hasta ese momento en la colección Editor ¿cómo surgió la necesidad de visibilizar el trabajo de una autora de literatura infantil? 

YF: Soy muy lectora, así tipo obsesiva, y la colección Editor de Gris tormenta me alucina. Tengo todos los libros de la colección y pensé ‘acá está faltando algo’, o alguien que cuente qué pasa detrás de todo lo que hacemos nosotros, los que nos dedicamos a los chicos. No había ni uno. Entonces me metí en la página de ellos para ver qué onda y lo primero que veo es que un cartel gigante que decía ‘No aceptamos manuscritos’, pero, como soy bastante mandada, y mi lema es decir ‘perder, no pierdo nada, en todo caso ya está perdido y es el ‘no’ de siempre’, porque los autores estamos muy acostumbrados al ‘no’, y es muy loco y muy milagroso cuando un editor se enamora del texto que hiciste y lo quiere publicar. Pensé ‘si no mando nada, tal vez pierdo de ganar’, así que mandé una notita muy chiquita y concisa: ‘Yo no les voy a mandar ningún manuscrito, porque no lo tengo hecho y ustedes no aceptan manuscritos, pero lo único que les quiero decir es que nosotros, los autores para chicos, también tenemos cosas para decir y veo que en su colección no hay ni solo libro acerca de este tema’. Y les picó, por suerte, y enseguida me contestaron: ‘Es verdad lo que decís, pero ahora queremos saber qué querés contarnos’, y me propusieron escribir tres o cuatro carillas para ver de qué se trataba lo que yo quería contar y en todo caso ellos lo leían y me decían qué pensaban. Las escribí al toque con anécdotas, con lo que pasa detrás con los editores, con lo que te responden… algunas cosas son muy divertidas, otras muy dramáticas cuando hablamos de los chicos, otras respuestas de los editores son perversas, respecto a lo que se quiere publicar. Hay de todo, un combo gigante de lo que te puede contestar un editor para chicos. 

La escritora e ilustradora Yael Frankel en Niño Librería antes de la presentación de su libro «Pequeños lectores». Buenos Aires 12 de agosto de 2025. Andrés Wittib, Señalador

S: ¿El doble rol de escritora e ilustradora es frecuente en la literatura infantil?

YF: No sé tanto, pero no diría que es frecuente. Los ilustradores se dedican más a ilustrar textos de otros, son convocados para ilustrar textos ajenos. El ilustrador interpreta ese texto con dibujos. En mi caso me trabo muchísimo si tengo que interpretar textos que escriben otros, porque siento que el que está escribiendo, aún sin ilustrar, tiene imágenes en la cabeza de lo que va escribiendo y que yo nunca voy a ser capaz de llegar a esa imagen que tiene en su cabeza, entonces me tenso mucho, siento que se me nota un montón cuando dibujo tensa o relajada. Y lo cierto es que dibujo más relajada cuando son textos míos, porque la única que tiene esa imágen en la cabeza —con la que también me peleo—  soy yo conmigo misma, no me tengo que pelear con nadie ni tratar de adivinar cuál es la imágen que el otro tiene en su cabeza.

S: ¿Cuál creés que es el mayor aporte de los libros infantiles? ¿Y qué rol juegan las y los adultos en el acceso a esos libros?

YF: Tengo sentimientos muy encontrados al respecto, porque es obvio que son los adultos, en general, en las primeras infancias, los que ‘eligen’ los libros para los chicos. Entonces ya la línea de partida me molesta un poco, ¿por qué los adultos o las escuelas eligen los libros que van a leer los nenes?, siempre está eligiendo el adulto y me hace un ruido tremendo. Y también sé que es un hecho, yo no lo puedo cambiar, porque es así y yo hacía lo mismo cuando fuí mamá de nenes chiquitos. El rol que jugamos los adultos no me gusta en el sentido de que tenemos ese lugar en el que nosotros ‘sabemos lo que los niños necesitan’, una bajada de línea con la que no estoy de acuerdo y, por otro lado, trabajo de eso. Entonces tengo encontronazos conmigo misma y trato en lo posible de tener presente esa lista gigante de las cosas que no quiero hacer cuando hago un libro… 

S: En la lista de lo que no querés hacer cuando hacés un libro decís: “no quiero ser aleccionadora, no quiero subestimar de más a los chicos, no quiero explicar de más, no quiero enseñarles nada”, entre otras cosas ¿Cómo llegaste a esa guía?

YF: Llegué a esa guía haciendo libros. Desde la experiencia. 

S: ¿Qué creés que falta explorar más en la literatura infantil?

YF: Hay muchos tabúes para los chicos. En temas para chicos se juega mucho lo que el adulto quiere que el ‘niño’ lea. El adulto no quiere que ‘el niño lea cosas que lo vayan a poner mal’, y digo la palabra niño de una forma irónica, porque yo no digo ‘niño’ en mi vida cotidiana, digo chico o nene. Lo que falta explorar en literatura para chicos es todo lo tabú, lo que el adulto considera que ‘no se puede’, ‘que no es debido’, ‘que no está bien hablar con los chicos’. Cuando sale un libro para chicos sobre la muerte, por ejemplo, es algo que se promueve mucho desde determinados lugares. Hay lugares que están de acuerdo con lo que digo, no soy la única persona en el mundo que piensa que los chicos pueden hablar de la muerte de la misma manera que podemos los adultos. A los chicos también se les mueren los abuelos, las mascotas, en el peor de los casos algún pariente muy cercano. Ellos saben lo que es la muerte, no es que nunca escucharon la palabra porque el adulto lo está cuidando y guardando en una cajita de algodón para que nunca escuche esas ‘malas palabras’. 

S: ¿Ayudaría a los chicos que se hable más de lo tabú?

YF: Tratar temas tabú es un aporte para todos, porque los adultos también podríamos aprender de una cuán bien les hace a los pibes que uno como adulto sí aborde estos temas con ellos. Por supuesto, sí, vamos a cambiar la forma. A mi se me murió mi mejor amiga y yo no voy a hablar de la misma manera de esto con mi mamá, mi papá, con mis hermanos o amigos, que son mis pares, que con un nene de cinco años, pero sí voy a hablar de la muerte de mi mejor amiga. De hecho ocurrió, participé de un festival en Medellín, donde me llevaron a conocer una biblioteca para chicos. Había 20 nenes de cinco años sentados en el piso y se notaba cómo el bibliotecario había trabajado con ellos antes de que yo llegara, por cómo les hablaba, todo lo que los chicos levantaron la mano para contestar lo que les preguntaba y, en un momento, cuando llegó la hora de irme, el bibliotecario presentó la última actividad, y dijo: ‘Propongo que Yael nos cuente uno de sus cuentos y que lo elijamos entre todos haciendo una votación’. Para elegir el libro el bibliotecario fue levantando uno por uno una selección de cinco libros y los chicos tenían que levantar la mano para elegir el que querían. Cuando levantó el primer libro, nadie levantó la mano. Con el segundo libro tampoco, y ahí dije ‘Vamos mal, los nenes están podridos y no quieren que yo les lea’, hasta que levantó el tercer libro, que es el que hice cuando murió mi amiga, ‘Un hueco’, y ahí estaban: las 20 manos de nenes de cinco años levantadas. Me largué a llorar en ese momento. Y pensé ‘Qué suerte tienen estos nenes que pueden, tranquilamente, y de una forma tan natural y genuina, levantar la mano para que yo les lea un libro sobre la muerte de mi amiga’. Mientras yo empezaba a leer un nene se largó a llorar y ahí el bibliotecario, muy amorosamente, me cuenta delante de todos que el nene estaba llorando porque se acababa de morir su abuelo, por eso él les había leído a todos este cuento en la biblioteca. La vida y la muerte es algo común entre todos. El nene se me sentó a upa y lo leímos juntos.     

S: ¿Qué pensás de los libros que buscan abordar ‘las emociones’?

YF: Ahora está muy de moda el tema de las emociones, todos los libros se llaman ‘La emoción de Pedro’, o “Las emociones», pero lo que emociona es leer, no se necesita un libro que explique qué es la alegría, yo me quiero alegrar con el libro. Lo mismo me pasa con la tristeza, con la inquietud, con cualquier tipo de emoción. Lo quiero sentir, no quiero que me expliquen. Hay una ilustradora italiana que yo admiro un montón, que la admira el mundo entero, se llama Beatrice Alemagna, que publicó el libro ‘Un gran día de nada’, en donde una nena se va de vacaciones de su mamá, ellas dos solas a una casa en un campo, y la mamá trabaja como escritora, pero la nena se empieza a aburrir en ese lugar, y la mamá le dice ‘por qué no salís, capaz la pasas bien, andá a pasear al río, por el campo’. Y este libro es conmovedor porque uno termina dándose cuenta en la última página que las dos están solas porque se acaba de morir el papá y ellas dos es la primera vez que se van de vacaciones juntas y solas. En el medio hay una trama que es cuando la nena sale y le empiezan a pasar cosas mientras camina, junta ramas, mete las manos en el agua, junta piedras, y cuando vuelve a la casa pasa por un espejo colgado en la cabaña y ahí se mira y le dice a la mamá: “Me parezco un poco a papá”. Uno ahí cae por qué no está el papá presente… Es una belleza. Cuando terminé de leerlo puse en mis redes: ‘A todos los que buscan libros sobre las EMOCIONES comprensé este libro y ahí se van a dar cuenta lo que significa un libro sobre las emociones’. Este libro emociona.

La escritora e ilustradora Yael Frankel en Niño Librería antes de la presentación de su libro «Pequeños lectores». Buenos Aires 12 de agosto de 2025. Andrés Wittib, Señalador

S: ¿Qué otras lecturas, canciones, autores o pinturas te inspiran? ¿cómo trabajás? ¿vas apuntando ideas? 

YF: Si tuviera que decir qué de todas las artes conforman mi mundo visual, intelectual o artístico lo primero es la literatura. Soy muy lectora, tanto de literatura de adultos como de chicos. Tengo una biblioteca tan grande de adultos como de niños, porque consumo muchísima literatura para chicos, que también es literatura. A veces los que hacen libros para chicos piensan o tienen una creencia que hacerlo es adoctrinarlos o tener que enseñarles algo, casi como un libro escolar. Y mi función no es decirles ‘dónde queda la Pampa húmeda’, eso se lo van a enseñar en el colegio, yo quiero hacer literatura. En mi caso, la quiero hacer para chicos, pero nunca quiero perder el foco de que lo que yo quiero hacer es literatura.

Sobre las ideas, con una idea no hacemos nada, porque en cinco minutos se me pueden ocurrir cuatro millones de ideas, soy muy entusiasta, en seguida me prendo en todo lo que me entusiasma, me gusta mucho llevar varios proyectos a la vez, me aburro muy rápido, algo que en general les pasa a muchos creativos de tratar de abarcar varias cosas a la vez para no pudrirse en seguida de una y quedarse sin nada. 

Y después de la literatura, lo que me inspira un montón es el trabajo de los demás. Lo que más me ayuda en mi trabajo es mi mirada, porque mirar es como si me diera la posibilidad de descubrir cosas que de otra manera no podría, es una mirada muy dirigida a buscar eso que no se ve. Yo lo quiero ver, lo quiero descubrir, y en todo caso después darme cuenta si me sirve o no, pero como no se ve a simple vista, mi intención es ir a buscarlo.

S: ¿Qué lugar ocupa la terapia en tu proceso creativo?

Por suerte existe ese espacio, yo lo agradezco enormemente, porque sin terapia yo no estoy segura de que hubiera llegado a trabajar de lo que trabajo. A mi me permitió, no solo mirarme, sino darme cuenta también de todo lo ‘niña’ que soy, porque me resulta muy orgánico y natural encontrarme en el universo de los chicos, para poder explayarme, dibujar y escribir, no como si fuera una más, porque yo soy una adulta de 57 años, pero sí para darme el permiso de volver a ese paisaje, a ese lugar donde yo estaba cuando era una nena, para encontrarme con esa nena darle la mano, guiarla, llevarla, pedirle por favor que me ayude a seguir escribiendo y explorando ese mundo de chicos en el que yo quiero estar, pero quiero estar para poder seguir haciendo mi trabajo.

S: ¿Cómo describirías a la niña que fuiste? ¿Qué aprendizajes te dio esa niña de los que te servís para tu proceso creativo como autora?

YF: Es una historia triste. Yo vuelvo a esa nena porque lo que yo quiero es reparar, busco algo que indudablemente tiene que ver con la reparación. No todas las infancias son hermosas, son color de rosa y son geniales. Hay muchas infancias que son una gran mierda, con perdón de la palabra. La mía, de hecho, no digo que fue una gran mierda, pero fue una pequeña mierda, y me sirve un montonazo para acercarme y alejarme de eso y conectar con eso, para saber también qué de eso me llevo, qué me quedó, qué me puedo sacar de encima. Reparar tiene que ver con transformar, sin dudas. No solamente es querer estar en ese campo y paisaje donde yo fui nena, sino que fui mamá adulta de dos nenes, entonces eso también me tocó una fibra íntima que me llevó a lugares donde yo fui esa nena que también fueron mis hijos. Y otra vez estoy llorando.

La escritora e ilustradora Yael Frankel en Niño Librería antes de la presentación de su libro «Pequeños lectores». Buenos Aires 12 de agosto de 2025. Andrés Wittib, Señalador

S: ¿Qué sentís cuando ves que a un chico/a un libro tuyo lo ayuda a procesar cierto acontecimiento de su vida?

YF: Eso es la hermosura mayor.

S: ¿Sentís orgullo de tu trayectoria?

YF: Mucho orgullo. 

S: ¿Estás trabajando en otros libros en este momento?

YF: Sí, estoy trabajando en otros libros, uno para chicos y otro para adultos. El de adultos lo puedo contar, son cuatro bitácoras que vienen en un estuche. Todavía no tengo editorial, pero la colección se llama ‘Bitácoras para gente averiada pero adorable’: la primera se llama ‘Proyectos inconclusos’, la segunda ‘Recomendaciones que sí’, la tercera ‘Ante todo: no olvidar’, y la última ‘Pequeñas victorias’.