Guillermo Schavelzon: «Mi lugar hoy es transmitir mi experiencia para que quienes trabajen en el mundo del libro no comiencen de cero»

Schavelzon tiene claro que hoy, a sus 80 años, su lugar está en transmitir su conocimiento. Conversamos con él en Barcelona desde donde nos adelantó que estará presente en la 50º edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, aniversario que coincide con los cincuenta años de su exilio de Argentina.

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Guillermo Schavelzon, Barcelona, noviembre 2025. Rocío Wittib

Guillermo Schavelzon tiene claro que hoy, a sus 80 años, su lugar está en transmitir su conocimiento a quienes se dedican al sector editorial. Así lo hace en charlas, conferencias y en su blog, un espacio de reflexión sobre lo que acontece en la industria del libro.

Su trayectoria profesional comenzó a los 19 años cuando llegó a la Editorial Jorge Álvarez en Buenos Aires, casa de autores como Quino, Saer, Piglia, Rodolfo Walsh, entre otros. Llegó como estudiante de cine para editar una revista dedicada al séptimo arte y desde entonces su vida profesional se desarrolló en el mundo del libro. 

Se desempeñó como director de grandes grupos y como editor independiente en Buenos Aires, México, Madrid y Barcelona. Fundó las editoriales Galerna en Argentina y Nueva Imagen en México, y el Centro de Promoción del Libro Mexicano que dirigió varios años.

Desde 2002 vive en Barcelona, ciudad a la que trasladó la agencia literaria Schavelzon-Graham fundada en 1998 en Buenos Aires. En la misma ejerció durante veinticinco años como agente literario y audiovisual. También se desempeñó como profesor en el máster de edición de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. 

En la actualidad, aunque no trabaja en su agencia, colabora con la misma como asesor. En los últimos años se dedicó sobre todo a los contratos de adaptación de novelas al mundo audiovisual. En 2022 publicó El enigma del oficio (Ampersand, en Buenos Aires; Océano, en México, y Trama, en Madrid), un libro donde a través de crónicas que recorren la historia de las últimas décadas del mundo del libro en español, narra acontecimientos, experiencias y anécdotas de su trayectoria profesional con personas como Mario Benedetti, Elena Poniatowska, Ricardo Piglia, Emilie Schindler o Julio Cortázar entre otros.

Invitado a dar una conferencia magistral por la Fundación El Libro, Schavelzon estará presente en el 50 aniversario de Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que se celebrará del 21 de abril al 11 de mayo de 2026. «Me siento muy orgulloso y agradecido por la invitación. Intentaré que mi participación no sea el recuento de mi vida profesional, sino una posibilidad de enfrentar los grandes desafíos de la edición de hoy, sin que a quienes les toque hacerlo tengan que partir de cero», adelantó a Señalador en Barcelona.

Los recuerdos de la feria de hace 50 años están presentes en la memoria de Guillermo. “La feria del libro del año 1976 era la segunda de los cincuenta que ahora tiene. Se inauguró cinco días después del golpe de estado. Dos días antes nos llamaron a todos los expositores diciendo que al día siguiente “bien temprano”, había que estar presente cada uno en su stand. La feria fue recorrida por un grupo de cinco oficiales de la Marina, en uniforme de gala blanco, conducidos (con cierta sonrisa de orgullo), por el primer director de la feria del libro que se mantuvo treinta años en su función, el “profesor” Castiglioni, docente en… la escuela de oficiales de la Marina. Cuando llegaron al stand de Galerna, mi editorial, miraron cuidadosamente los libros, me pidieron que me alejara para hablar entre ellos, y luego el profesor se me acercó para decirme que tenía que retirar todos los libros de Osvaldo Bayer antes de la inauguración. Dos días después, como se siguió haciendo incluso bajo el gobierno de Alfonsín, la “fanfarria de Granaderos” (regimiento donde yo mismo había hecho mi servicio militar obligatorio) inauguraba la feria tocando marchas militares”, contó a Señalador. 

Aquel episodio de censura hacia los libros de su editorial en la feria del 76, la primera en dictadura, le anticipó lo que vendría. Mes y medio después, tras la explosión de una bomba en la sede de su editorial y la colocación de otra en su domicilio particular, seguido de una amenaza telefónica, se exilió a México.

S: Actualmente en lo que más colaborás en tu agencia es en los contratos de adaptación de novelas al mundo audiovisual, contanos un poco de esta etapa presente, ¿qué nueva perspectiva y desafíos le aporta a tu trayectoria?

G. Schavelzon: Me ocupé del mundo audiovisual seis años, fue muy bueno para algunos autores y para la agencia, aprendí mucho, pero me pareció prudente ir dejándolo, y en esto estoy.

Mi lugar hoy lo veo distinto, —la trayectoria ya la hice— trabajé mucho y muchísimos años, no soy yo quien deba juzgarla, mi lugar hoy, a los 80 años, es tratar de transmitir lo que me parece importante, para que los que quieren trabajar en este mundo del libro (incluyendo a los autores), no comiencen de cero, esto es la única forma de hacer las cosas mejor.

S: ¿Cómo ves el rol de los agentes literarios hoy? ¿Qué cambios o transformaciones importantes dirías que ha tenido esta profesión en los últimos años?

G. Schavelzon: Yo creo que el agente literario/a solamente es quien representa escritores de manera integral y global, apostando por su obra y obteniendo para ella el mayor número de lectores o audiencia usuarios con una rentabilidad económica razonable que determina sus honorarios. Digo esto porque hoy en redes aparecen como agencia literaria más que nada prestadores de servicios pagos que, en mi opinión, ni siquiera ayudan a los escritores, solo lucran con ellos. Las agencias auténticas son cada vez más esenciales para lograr la profesionalización de una escritora o escritor, y al mismo tiempo son, en nuestra lengua, emprendimientos de capacidad limitada, lo que explica qué difícil es el acceso a ellas. Una agencia auténtica debe tener un excedente económico suficiente como para poder financiar sus apuestas a futuro, en las que hay que trabajar mucho y los resultados no se ven a corto plazo.

S: Te escuché decir, también a Enrique Murillo, que el cambio fundamental en el sector del libro es que pasó de ser una actividad cultural a una actividad industrial, ¿qué implica esto? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de este cambio? 

G. Schavelzon: Este cambio significó que aquellos editores del siglo veinte que habían puesto sus propios nombres a las editoriales (en todo el mundo), fueron compradas por grupos de inversión o grandes corporaciones que invierten en muchas otras actividades. En este tipo de empresa lo prioritario es el beneficio económico, porque si no este no es atractivo los inversores simplemente se van a otros negocios, o van transformando la editorial en una corporación que se va orientando a actividades más rentables. Que el objetivo primordial sea la rentabilidad, lleva a publicar libros que —se supone—, venden más, y estos son los que llamamos “más comerciales”. No hay tiempo ni dinero para apostar, los editores que publican libros excepcionales, elogiados por la crítica y por el pequeño mundo intelectual, pero que no venden, corren el riesgo de perder su trabajo. (Y los directivos también).

Las ventajas son que han dejado libre el campo de la apuesta literaria o de no ficción, en el que han crecido en todo el mundo pequeñas editoriales independientes que hacen apuestas. Pueden hacerlas porque son editoriales casi sin gastos, con lo que al vender mil o mil quinientos ejemplares ya pueden seguir publicando. Eligen qué publicar a criterio de la editora o el editor, no tienen en cuenta lo que dice el algoritmo ni hacen leer los manuscritos por los chats de Inteligencia Artificial. No lo tienen fácil, pero, si lo vocacional de los editores es fuerte, aceptan rentabilidades mínimas o moderadas, no necesitan “retener accionistas”.

De estas editoriales vienen los mejores aportes, la publicación de los que los lectores no sabían que querrían leer. Libros que generan nuevos lectores, no que le venden al mercado lo que se supone que quieren leer.

S: Hay dos modelos que se van separando cada vez más, que son las cadenas de librerías y las editoriales de los grandes grupos de las librerías y editoriales independientes, ¿cómo ves este distanciamiento? 

G. Schavelzon: Esas pequeñas editoriales, que tiene aproximadamente un tercio del mercado del libro (lo que no es poca cosa), necesitan otro tipo de librerías, donde los libreros conozcan a sus clientes, y decidan qué libros ofrecerán. Las cadenas funcionan como un franchising, reciben de forma casi automática todo lo que las grandes editoriales publican, y por eso todas ofrecen lo mismo.

Este distanciamiento lo veo sano, ambas cosas pueden coexistir, lo que apela a un público masivo y lo que les importa es vender mucho, y quienes trabajan con un público selectivo y aceptan menores ganancias.

El peligro para ambos sistemas es Amazon, que en el mundo está llegando a vender el 50% de todos los libros que se publican, sin generar nuevos lectores, solo quitándoselo a los libreros. Cuando Amazon llegue a controlar el 70% de las ventas, será imposible publicar cualquier libro que no acepten vender. Quien decide el camino a seguir, y qué tipo de libros se podrá publicar, es siempre el lector: qué compra y dónde lo compra.

Guillermo Schavelzon, Barcelona, noviembre 2025. Rocío Wittib

S: Hace poco dijiste en una entrevista que el sistema de devoluciones, un sistema que tiene casi 100 años, funciona hoy en día como una herramienta para determinar qué se ofrece en las librerías, ¿podrías profundizar un poco sobre esta idea?

G. Schavelzon: A cambio de no tener que invertir dinero en el stock —como cualquier tipo de comercio—, las librerías grandes aceptan que sea la editorial quien las llena de libros e impone en ritmo de rotación. No hay librerías que deciden qué comprar, son las editoriales las que deciden lo que le van a enviar, y para eso se requiere tirajes muy altos, elevado costo logístico para distribuir y para recoger lo no vendido. Como tiene éxito uno de cada diez libros, cuando pasa un par de semanas y el libro no respondió en la cantidad estimada, hay que reemplazarlo por otro, y eso lleva a la sobreproducción y a que casi la mitad de los libros vuelvan al editor, que en unos meses los tendrá que destruir.

S: Para algunos agentes del sector, la cuestión de las novedades es una burbuja que va a explotar porque lo que se genera bajo esta dinámica es un dinero ficticio que sostiene el funcionamiento pero que no es real. A la vez que produce una saturación en el mercado, ¿qué posibles alternativas creés que hay a esta situación? 

G. Schavelzon: Sin duda es una burbuja, y eso afecta a la baja rentabilidad de la edición en general. Pero el sistema financiero funciona de la misma manera, y ahí sigue. Cuando explota, como en 2008, ya es tan grande que surge el “banco malo” y se queda con todos los quebrantos. Lo curioso es que, cuando un gobierno hace eso con nuestro dinero de los impuestos, haya ciudadanos que lo vuelvan a elegir, es algo desconcertante.

S: En una entrada reciente de tu blog hablás de la “penosa situación del autor dentro de la cadena de valor del libro”. Te ha tocado ver estas situaciones de cerca a lo largo de tu trayectoria. ¿Cómo ves la evolución del lugar del escritor dentro del sector?

G. Schavelzon: El escritor, primer eslabón de la llamada cadena del libro, siempre está en el peor lugar. Se supone que su trabajo es escribir, y el de la editorial es vender, pero si un libro no se vende solo se atribuye el fracaso al escritor. Los escritores —quizás por idiosincrasia, por su tipo de trabajo tan aislado— no están organizados ni tienen ninguna representación, como si lo están las editoriales, en Cámara del Libro que defienden sus intereses. No es así en Francia y en Estados Unidos, donde los sindicatos de escritores son poderosos, han ganado juicios multimillonarios a Google y otras plataformas, y logrado acuerdos de mínimos con las editoriales que funcionan. El problema no son solo las editoriales. Hoy un escritor debería tener en cuenta el aprovechamiento de los derechos secundarios de sus obras, y aprovecharlos es la única manera en que podrán vivir de su trabajo. Podcasts, cine, series de televisión, ventas de ediciones especiales, el mundo digital ha modificado la economía del escritor, los “derechos de autor” por venta de libros se van convirtiendo en el menor de sus ingresos. Pero manejarse en este mundo es muy difícil hacerlo en solitario.

Guillermo Schavelzon, Barcelona, noviembre 2025. Rocío Wittib

S: Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024, la población de entre 15 y 24 años, que nació con pantallas, es la más lectora del país (75,3 %) ¿qué observación podés hacer al respecto?

G. Schavelzon: Creo poco en la información sobre el libro y la lectura, los que la ofrecen necesitan mostrar el éxito, sin embargo, las cosas no están mejor, los jóvenes no están más preparados. La principal compañía que informa sobre la venta de libros dice que la venta de libros crece en España, pero oculta decir que el aumento es en euros, y es menor que la inflación. El crecimiento hay que medirlo en unidades, no es facturación.

S: Las nuevas tecnologías están cambiando los hábitos de consumo culturales. La IA da oportunidades para encontrar lectores, saber sus gustos y preferencias, también, según el consultor tecnológico Daniel Benchimol, está provocando en todos los productos de consumo, libro incluido: una mayor personalización e individualización del consumo, hay un cambio de paradigma, ¿qué lectura hacés de la situación?

G. Schavelzon: Quizás la Inteligencia Artificial haga un aporte significativo, pero no podemos dejar de tener en cuenta que son desarrolladas por empresas que buscan ganar dinero, no construir un mundo mejor. Si alguien logra utilizarla como herramienta para mejorar las cosas concretas de la mayoría de la población (trabajo, salud, vivienda, guarderías, un futuro mejor) sería sensacional. Por ahora todas esas cosas, año tras año, van a peor.

S: Siglo XXI acaba de inaugurar la colección “Biblioteca Osvaldo Bayer” con la reedición del libro que te costó el exilio de Argentina, “La Patagonia rebelde”, de Osvaldo Bayer. Lo publicaste en Galerna hace 50 años, ¿qué supone este libro para vos y cómo recibís la reedición?

G. Schavelzon: Ese libro ocasionó que me tuve que ir en 24 hs de la Argentina (igual el autor). Esta triste decisión al final me llevó a adquirir una mirada internacional de la edición. Pero además haberlo publicado me sigue haciendo sentir orgulloso.