
Los libros prohibidos por las fuerzas militares ocupan un gran sector del depósito, donde fueron preservados todo este tiempo. Desde el suelo hasta el techo de este sector, Marisú Hernández recorre con su mirada los amplios estantes y muestra con paciencia cada ejemplar.
El 28 de enero de 1977 fuerzas conjuntas de la última dictadura en Argentina cerraron la Librería Hernández por tener y vender material considerado ‘subversivo’. “El expediente dice que eran 235.000 libros. En la época de mi papá se editaba una inmensa cantidad de libros, no como ahora. Del local se llevaron una parte. En la primera pasada que hicieron se llevaron unos 7800. Después volvieron y creo que los superó la cantidad”, recordó Marisú, la hija menor de Emilce García y Damián Carlos Hernández, fundadores de la librería ubicada en Av. Corrientes 1436, quienes tuvieron que exiliarse a Uruguay hasta fines de 1983.
En el momento del cierre Marisú tenía 21 años. “Pero los 21 de esa época -aclara- que no son los de ahora”.
“Una estaba en conocimiento de la situación, ya en el 74 o 75 sabíamos lo que estaba pasando. Mis hermanas y yo trabajamos en la librería. De las tres, soy la menor. En ese momento tal vez yo estaba cursando, soy médica. El día del allanamiento estaba mi hermana Ana y Eduardo Mora, que es mi cuñado y era el encargado al que se llevaron. Él estuvo detenido seis meses hasta julio. Lo tuvieron en la comisaría quinta de Lavalle por dos meses, de ahí lo llevaron a Devoto y después a la unidad 9 de La Plata, que fue terrible. Luego lo trasladaron a Caseros y de ahí a Coordinación y le dieron la libertad. Recién le dieron el sobreseimiento en 1983. Él es más grande que yo, pero no habla del tema, de la familia soy la que más comunica estas cosas”.
Cuando las fuerzas militares irrumpieron en enero del ‘77 en la librería estuvieron casi 14 días en el salón y en la parte del sótano, hasta donde se podía ver, reconstruyó Marisú.
“Teníamos una puerta por la que hacíamos el pasaje de libros. Mi viejo era joven y eso lo hizo a mano junto con compañeros, como -el periodista e historiador- Rogelio García Lupo y otros amigos de él, que venían después de laburar y lo ayudaban a pasar todo. Mi papá era un militante, pero no tenía ninguna afiliación partidaria. Acá venía gente de todos los colores. Él distribuía material del Partido Comunista (PC), pienso que vinieron a allanar acá porque tal vez se la tenían jurada a mi papá, aunque no lo buscaron. Él tenía pedido de captura en Brasil y estaba en Uruguay, y perfectamente podrían haber ido a buscarlo”, contó la hija menor de Hernández.
En abril del mismo año volvieron por una denuncia anónima que decía que ahí había otro depósito, por lo que rompieron y entraron a otro sector de la librería.

“Cuando descubrieron el sótano en abril y no se podían llevar los libros, logramos que el abogado consiguiera que a mi vieja la pongan como tenedora y resguardo de que no se podía entrar a este sector (el depósito). Pedimos la reapertura porque mi vieja tenía bienes gananciales. Ahí nos dieron el local en diciembre del 77, pero mi vieja volvió en diciembre del 83, junto con mi papá. Con la reapertura volvió a estar a cargo Eduardo, se animó, se quedó él y trabajábamos la tres hermanas: María Cristina, Ana María y yo”.
Entre los numerosos ejemplares preservados en el depósito que hoy están también exhibidos en el salón de la Librería Hernández y en su web, se encuentran: “El Peronismo”, de Gonzalo Cárdenas y otros, publicado por Ediciones Cepe; “Formaciones económicas precapitalistas” de Karl Marx editado por Polémica; “Testigos de China, de Bernardo Kordon y otros autores, editado por Carlos Pérez Editor; “Literatura y cultura popular” de Antonio Gramsci, editado por Cuadernos de Cultura revolucionaria; “Quienes son los ‘amigos del pueblo’ y cómo luchan contra los socialdemócratas” de Vladimir Ilʹich Lenin, editador por Polémica; “La clase trabajadora Argentina” escrito por Hobart Spalding y editado por Galerna; Obras completas de Ernesto Che Guevara, de ediciones CEPE, entre otros.
“Los ejemplares siempre estuvieron acá, en el depósito. A mi lo que más me impresiona es que seguimos manteniendo los libros con papel madera, como venían antes. Ahora vienen en plásticos. Antes, se envolvía también con papel de diario y esto es original de los ‘70. La mayor parte del material era de izquierda, impreso en los ‘70 y antes también. Todos estos libros eran distribuciones del PC. El PC tenía distintos nombres en las ediciones: Anteo, Polémica… y mi viejo era distribuidor del material, amén de algunas cosas que él editó por su cuenta como al -periodista argentino- Gregorio Selser, y ‘Cuestiones con la vida’, de Humberto Costantini”, detalló Marisú.
De los editores que fueron censurados y perseguidos, la librera recuerda sobre todo al periodista Carlos Pérez, que estuvo en Clarín y Eudeba y al abogado Héctor Fernández Baños, que tenían la editorial CEPE y Carlos Perez Editor, desaparecidos.
Entre los materiales que se llevaron las fuerzas conjuntas de la librería, gran parte fueron libros de la Editorial Siglo XXI sobre Historia, Sociología y Política.
Todos los 28 de enero, la hija menor de Hernández sube al salón una foto de la librería que conmemora la fecha en que fue cerrada y censurada por las fuerzas militares.
“Como está mi hija Mariana manejando las redes sociales, este año ella me dijo de ir abajo, al depósito, y ahí surgió la idea de exhibirlos. Nosotros siempre llenamos la vidriera de ‘Nunca Más’ y ponemos carteles, pero con esta idea este año para mí hubo una respuesta impresionante de la gente que viene y nos cuenta lo que recuerda. En estos momentos también nos agarra un poco de paranoia por los ‘haters’, pero la respuesta fue muy buena. La gente se lleva estos libros, yo creo que se los llevan de recuerdo. ‘Cuadernos de la Cárcel” (del líder vietnamita Ho Chi Minh), de la editorial Rosa Blindada, es de los libros que más se han llevado”, contó Marisú.
Durante la dictadura, no solo fue atacada la librería Hernández, sino también Trilce, ubicada en Independencia 3037. “Eso fue para nosotros muy sentido porque los dos libreros, Isabel Valencia y Horacio Fernández, están desaparecidos, y esto fue antes del cierre de la nuestra”, recordó Marisú.
La librería Hernández fue fundada en 1956 por Damián Carlos Hernández y su compañera, Emilce García. En aquel entonces el local estaba ubicado en Corrientes 1580. Desde 1973 están en Corrientes 1436 y forman parte de las Librerías Patrimoniales de Buenos Aires.
Sobre la función social de esta librería desde sus orígenes, Marisú Hernández remarcó: “Nos enteramos de un montón de gente que venía a estudiar acá”.
La librería se especializa en literatura y ciencias sociales y trabaja con el objetivo y el deseo de sostener el oficio librero. Cuentan con un amplio catálogo que incluye a las grandes y pequeñas editoriales, dando como resultado un salón donde la bibliodiversidad se hace presente en cada mesa y en cada estante.

“Una de las cosas que más respeto es que nosotros pudimos y seguimos manteniendo la línea de la librería, sobre el material de Humanidades, Educación, Política, Historia, Sociología, Filosofía, con las improntas nuevas de ahora, pero manteniendo que el libro llegue a la gente, que la gente se informe”, añadió.
Desde 1987 a la actualidad, el administrador y gerente de Librería Hernández es Ecequiel Leder Kremer, padre de Mariana y ex pareja de Marisú.
El próximo 6 de marzo, la librería cumplirá 70 años de historia en el centro porteño. “Pusimos esa fecha porque es el cumpleaños de mi papá”, contó Marisú.
“En estos 70 años, si bien la gente fue cambiando, la mayoría que entra acá viene a buscar determinado material. Eso lo mantenemos y es importante. Además, lo mejor que se mantiene en esta librería son los libreros, saben de libros y orientan a los lectores. Lo bueno es poder seguir manteniendo gente que está hace muchos años acá”.
No obstante, la integrante del equipo de Hernández, remarcó el impacto que tuvo la pandemia en el trabajo diario en la librería.
“Acá cambió mucho todo desde la pandemia. Seguimos trabajando mucho tiempo a puertas cerradas y lamentablemente tuvimos que empezar a trabajar con Mercado Libre porque había que sostener esto. Pudimos mantener a todo el personal, pero también tuvimos que cerrar la otra librería chiquita donde trabajaba yo, en Av. Corrientes 1311, y tuvimos que traer todo el material de ahí al salón que tenemos acá para presentación de libros”, precisó.
Asimismo, debido a la incorporación de plataformas de comercio electrónico, Marisú nota que “se trabaja con mucha más tensión ahora” debido a “la exigencia de sacar ya el pedido” y que a veces “convierte a los libreros en repositores”.
“Falta más contacto con el lector. Siempre digo: vengan a la librería, aunque por supuesto sabemos que hay lugares donde si no te llega por plataformas no llegan los libros, es importante tocar los libros porque realmente no es lo mismo que no hacerlo”.
El último 28 de enero, desde las redes sociales de la librería, publicaron un video donde Marisú contó toda la historia del cierre.
“Mariana me grabó bastante, y después, como yo lloraba, lo cortó. Mi papá murió en el ‘87, pero mi vieja va a cumplir 100 años en mayo. Ella hasta antes de la pandemia venía tres veces por semana a laburar y atendía el teléfono. Con la pandemia, por supuesto, la aislamos. Yo seguí trabajando como médica. Lamentablemente mi hermana mayor murió el año pasado. Jamás nos imaginamos que iba a morir antes que mi mamá. Así que por todo esto me emocionaba en el video”, concluyó Marisú.







