
El libro, publicado en febrero de este año en vísperas de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado que se cumplirán el próximo 24 de marzo, ya se utiliza en escuelas y se destaca por el abordaje de la temática con claridad y sencillez sin perder la profundidad y complejidad de los hechos.
La publicación apela a transmitir información con rigor histórico a los más chicos, adolescentes y jóvenes apuntando a trabajar el tema en familia y en instituciones, promoviendo conversaciones, reflexiones y el diálogo intergeneracional.
En sus páginas cuenta cómo se vivió el día a día, las voces que se alzaron contra el miedo, el quiebre de la Guerra de Malvinas y el difícil camino de regreso a la democracia.
Además, la estructura del libro permite abordarlo de principio a fin como un relato histórico, o por cada uno de los grandes temas: Malvinas, Mundial ‘78, Derechos Humanos, vida cotidiana durante la dictadura, Centros clandestinos de detención, entre otros.
En diálogo con Señalador, la autora e investigadora del CONICET, contó: “Estamos sorprendidos del nivel de recepción. Sabíamos que no había un material de este tipo en el mundo educativo, pero nos desbordó toda expectativa porque se está usando muchísimo en escuelas. Las propias familias lo están llevando a las escuelas. También se está usando en profesorados, en formación docente primaria y secundaria, en muchas provincias del país. Lo cual, más allá de la calidad del material, habla de la necesidad que había de una historia de la dictadura. Es un libro basado en el rigor histórico para la conversación intergeneracional y para todas las edades, también pensado para que un docente pueda defenderse en el aula, es decir, cómo enseñar Derechos Humanos reconociendo toda la complejidad del tema y que al o la docente no lo corran diciéndole que está haciendo política o adoctrinamiento”.


Señalador (S): Como investigadora venís trabajando sobre la dictadura hace mucho, pero ¿cómo surgió la idea de hacer un libro específico para chicos?
Marina Franco (MF): Soy investigadora científica y trabajo sobre la dictadura y la represión hace 25 años produciendo materiales de tipo académico, pero en los últimos tiempos me fui preocupando cada vez más por la circulación social de los saberes académicos, es decir, la comunicación social de la ciencia y entonces empecé a producir materiales para otros públicos, más amplios sobre todo, como una historia de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) que hice para todo público hace un tiempo.
En los últimos dos o tres años, ante el avance de los discursos llamados negacionistas, y la convicción además de que se conoce menos de lo que creemos lo que fue la dictadura, decidí hacer este libro para chicos.
Por supuesto, hay materiales sobre Derechos Humanos, sobre Abuelas y los Juicios, pero me pareció que no había en los últimos años una historia de la dictadura adaptada para chicos y que además use todos los nuevos lenguajes de la literatura infantil de no ficción, básicamente un trabajo muy fuerte que articula imagen y texto, eso es lo que tiene el libro de novedad. En realidad es un libro para todas las edades. La apelación directa es a los chicos, pero es un libro para leer entre chicos y adultos, y especialmente para adultos que no conocen tanto esta historia, sirve.
S: ¿Qué desafíos presentó particularmente este libro?
MF: Si bien yo vengo trabajando en divulgación hace muchos años, hubo dos desafíos: uno era contar esta historia de una manera muy clara y muy sencilla a la vez para un público muy joven; el segundo desafío sin ninguna duda era ideológico, era político más bien, y fue hacerse cargo de los temas incómodos. El libro tiene una posición ética y política muy clara en relación al valor de los derechos humanos y la condena de la dictadura, pero había que contar esa historia haciéndose cargo de los temas incómodos que son tres, al menos los que más me preocuparon: la violencia de las organizaciones políticas de izquierda antes de la dictadura, que los discursos negacionistas consideran que es la causa de la dictadura, y por la cual justifican la represión, y entonces yo decidí que esa violencia se cuente y se mencioné, pero por supuesto que contar la violencia de la dictadura deja en evidencia por sí solo que no hay una relación de causa y consecuencia de esa violencia de izquierda y la dictadura, que es el discurso central en este momento de la extrema derecha. El segundo problema, en orden histórico, es el peronismo, que ahora no es el centro de discusión, pero en algún momento lo fue y es mostrar que el peronismo fue tanto víctima de la violencia política en este país como también responsable de una buena parte de la represión antes del Golpe de Estado y eso también está dicho en el libro. Y la tercera cosa, por supuesto, el número de desaparecidos. El libro se hace cargo de que es un debate abierto, de que es una pregunta y responde sin consigna. Ahí mi decisión profesional y ética es que esta historia no se explica con consignas, esta historia se explica con datos y con hechos. No hace falta bajar línea ideológica para explicar lo que sucedió. Entonces, en el libro, el número de desaparecidos está presentado como un problema, no como una consigna.
S: ¿Cuál es para vos el objetivo del contenido del libro?
MF: El objetivo del libro es generar una conversación intergeneracional y dar un instrumento a los adultos, docentes y profesores que necesitan de un material conciso, claro y abarcativo para explicar la dictadura. No es necesariamente un libro que los chicos leen solos o que leen completo y lineal. Un chico de 10 años por ahí entra al libro en la página sobre el mundial de fútbol y está muy bien, no tiene por qué leer la historia entera. Otro chico también puede entrar al libro por la guerra de Malvinas y está muy bien. El libro lo que ofrece es una entrada a las curiosidades que un adolescente o un chico puede tener sobre la dictadura y cada uno hace del libro el uso que quiere. Por ahí un adulto hace una lectura lineal y por ahí los chicos no y esa es la idea del libro, abrir preguntas e intereses.
S: ¿Ustedes notaron que faltaba este abordaje en el ecosistema del libro?
MF: Sí. El primer libro sobre la historia de la dictadura, que es una maravilla, es de Graciela Montes, pero es un libro de 1995 o 1996. Es un libro excelente en la narración, pero con una concepción de libro para chicos muy antigua. Cambió mucho la concepción del libro infantil y además la historiografía y el conocimiento histórico sobre la dictadura cambiaron extraordinariamente en los últimos 30 años. Entonces, este libro recoge todos los avances del conocimiento histórico sobre el pasado y todos los avances de lo que es un libro para chicos en la actualidad. Entonces efectivamente nos pareció un libro que no existía en el mercado y que era necesario en este momento.
S: ¿Cómo fue el trabajo con el ilustrador?
MF: Las ilustraciones son excepcionales. El trabajo con el ilustrador fue muy lindo, porque primero se escribieron todos los textos y después, cuando el ilustrador comenzó a trabajar y vimos la puesta en página de cómo articulaba texto e imagen el libro cobró una potencia impresionante. Al ilustrador muchas veces le hicimos sugerencias del contenido que queríamos, y otras veces dejamos que el ilustrador hiciera propuestas y trabajamos para que la ilustración tuviera la dimensión de género, de clase, y para que se incorporara la dimensión federal. Pablo Lobato es un gran ilustrador muy conocido en el mundo.
S: Hay un poder de síntesis que se destaca en el libro…
MF: Eso está buscado, pero a la vez es resultado de mucho oficio profesional y de dar clases. La pregunta de cómo transmitir con claridad y sencillez sin sacar complejidad al pasado es parte de mi tarea cotidiana, en eso consiste la divulgación.
S: En tu mini bio del libro contás que en una parte está reflejada tu historia de niña durante la dictadura, ¿cuál es esa historia?
MF: Me interesaba mucho, para que los chicos pudieran identificarse o acercarse de alguna manera a esta historia, que pensaran en cómo podía ser la vida cotidiana en dictadura, qué le pasaba a la gente común y corriente. Entonces, hay una página en la que se cuentan distintas historias, varias de ellas vinculadas a las consecuencias políticas y económicas de la dictadura. Hay una historia de una docente de escuela secundaria que no puede enseñar literatura latinoamericana, el marido no tiene trabajo y esconden materiales que podían ser considerados subversivos en la época. Esa es mi historia y de lo que más me acuerdo no es eso sino que en mi casa no había plata ni para un helado. La anécdota infantil es que yo era la hermana mayor, mi hermano de tres años pide un helado y yo le pegué un codazo diciéndole “no pidas helado, no hay plata”. Ese es mi recuerdo infantil más primario de la dictadura. Yo crecí en Ciudad Jardín, en el conurbano bonaerense.
S: Sos docente de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) ¿también trabajaste en secundarios? ¿Qué venís notando últimamente respecto a esta temática en el aula?
MF: Hace varios años no estoy trabajando en secundarios, pero trabajé y consulté con muchos docentes que trabajan en el nivel secundario antes de armar el libro y el dato que está apareciendo, y que fue parte de mi preocupación, es que no es que en el mundo secundario o juvenil todas las nuevas generaciones han mirado el negacionismo, esa no es la realidad de las aulas, por más de que por supuesto, sí lo hay. La realidad de las aulas es que hay mucho desconocimiento, poca información, poco conocimiento global de lo que fue la última dictadura. Hay datos sueltos, y donde hay falta de información los discursos negacionistas crecen mejor y más rápido. Entonces, la idea era ofrecer un instrumento claro, bien explicado, con información y rigor histórico, que no sea leído como un discurso político, sino como un discurso que sale del conocimiento histórico, que yo creo que es la principal protección que tenemos contra el negacionismo.
S: Y en el ámbito universitario ¿qué notás?
MF: Yo pienso que en el mundo de las Ciencias Sociales todavía prima cierto progresismo, tiene sensibilidad frente al tema y en este momento el mundo de las Ciencias Sociales está siendo muy atacado, es el objeto de la destrucción del gobierno de extrema derecha. Pero el mundo universitario es un eco de las transformaciones sociales amplias, es diverso, donde hay un fuerte crecimiento de la extrema derecha donde tenemos una parte negacionista, aunque no toda la extrema derecha es negacionista, y después tenemos un mundo universitario que es progresista y sigue reconociendo los valores de la democracia y de los derechos humanos. Es una novedad en este país que la derecha tenga espacio en la vida universitaria de una manera tan clara y masiva.






