
Especializada en la ficción policial y en novela negra, única en abordar el género de manera específica, la librería ubicada en el barrio de Chacarita propone recuperar voces claves del policial argentino y, a través de su sello, dar a conocer nuevos autores con un original catálogo de novelas cortas.
“Funciona como una secta”, dice Liliana Ballaré —directora y coordinadora editorial—, en referencia a los lectores y lectoras del género policial que visitan su librería. La escena del crimen abrió sus puertas en enero de 2025 y rápidamente se transformó en un espacio de encuentro para los apasionados en la materia. En paralelo, su sello, que ideó desde Francia durante los años del covid, circuló de boca a boca entre autores y ya cuenta con firmas como las de Carlos Salem y la escritora argentina Patricia Suárez.
Ballaré repasa la tradición del policial en Argentina y evalúa el panorama actual. “El sistema quiere contar historias de ganadores, nosotros contamos historias de perdedores”, dirá en esta entrevista con Señalador. Socióloga de la Universidad de Buenos Aires, trabaja en Francia en consultorías orientadas a problemáticas de trabajo. “La librería fue un sueño que fue tomando forma durante muchos años. Yo desde adolescente amo este tipo de literatura y, en la pandemia, como muchas personas, tuve un tiempo que no tenía normalmente para preguntarme: “si salimos de esto, ¿qué quiero hacer en la vida?”
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En el espacio de la calle Ravignani, luces tenues y focalizadas recrean una atmósfera que juega con los elementos del género. La novela policial se mezcla con las historietas en la estanterías que también exponen colecciones clásicas, libros usados y una selecta curaduría de libros infantiles afines. De jueves a domingo oficia de librero Lautaro Ortíz, periodista de Página12 y flamante autor de la colección Negro Argentino, con la que la editorial hace su presentación.
Además de ser una parada obligada de la literatura detectivesca, la librería ofrece un club de lectura, presentaciones y actividades semanales.

-¿Cómo surge este proyecto de una librería especializada en el género policial?
-Hubo una librería en Barcelona que se llamaba La Negra y Criminal, y para los que son fanáticos de la literatura negra policial era así como la meca de los que buscaban títulos que no se conseguían en otros lados. Estuvo en Barcelona durante muchos años y fue el lugar de referencia de la literatura negra y policial. Como otras librerías en Barcelona, y sobre todo del circuito independiente, con la especulación inmobiliaria tuvo que cerrar. Pero a mí me quedó, como a muchos otros, la nostalgia de ese lugar en el que podías ir a buscar títulos y charlar con gente que amaba profundamente el policial y la novela negra.
Hacia 2020 mi idea original era empezar con una librería dedicada a esto. Yo estaba viviendo en Francia de manera permanente en ese momento. En Francia tenés posibilidad de usar un derecho —que tienen todos los asalariados— a formarte incluso en una perspectiva de reconversión, porque lo que yo hago en Francia no tiene nada que ver con lo editorial. Entonces, sobre esa base, me formé en una escuela de libreros en Francia, en la escuela de libreros independientes. Hay muchas reflexiones sobre cómo se puede hacer vivir ese modelo, que está muy expuesto frente a las grandes cadenas y a los grandes circuitos de distribución. Sabiendo que detrás de esa decisión de abrir una librería independiente está no solo la cuestión un poco mágica de decir: “bueno, yo puedo tener este tiempo para charlar con clientes, tener mi espacio en el barrio”, sino también una postura un poco militante: decir “bueno, yo decido salir del circuito que es el más rentable, el más oficial, porque me interesa la diversidad de lo que se lee, la calidad de lo que se lee, y porque entiendo tener una inserción barrial y social en lo que hago”. Entonces, sobre esa idea se trabaja mucho la complementariedad de lo que es el modelo económico editorial y librería independiente.
Lo que pasó también fue que el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires abrió formaciones a distancia de libreros y de editores, a las que me inscribí. Y fue extremadamente interesante porque podía ver los puntos de convergencia y los puntos de diferencia entre cómo se ve el oficio acá y cómo se ve allá.
–¿En qué momento llega el proyecto de armar también una editorial?
-Concretamente se dio la posibilidad de editar un policial, un manuscrito que había recibido dos años antes de que empezara con esta idea. Le había dicho a la escritora: “mirá, me pareció muy interesante, pero yo no puedo editar”. Entonces la puse en contacto con un editor catalán. Y el editor catalán le dijo que la historia era corta y que si podía hacer una compilación de tres historias, una mezcla, podía andar, porque tenían que ser más de doscientas páginas. Yo le dije lo que pensaba, que no se le puede pedir a un escritor canibalizar sus obras, y que justamente las novelas cortas tienen su mercado. De hecho mi proyecto editorial es todo un programa de novela corta. Entonces le dije: “bueno, dejá, te lo edito yo”. Y así nació la editorial, con esta saga de un jefe de patrulla rural que se llama El Sapo Ballesteros, de Lola Quai, que abrió una colección que llamamos Negro Argentino, con toda la provocación que pueda tener.
-¿Cómo se conforma este catálogo? ¿qué particularidades tiene?
–El catálogo actual son doce títulos. Entre esos doce títulos hay una historieta en blanco y negro hecha por Carlos Salem e Iñaki Echeverría, que es una maravilla: es un homenaje absoluto a Muñoz [José], que yo lo amo. Y las otras once son novelas que responden a lo que es a la vez el proyecto editorial y la colección Negro Argentino. Por ahora todo lo que estamos editando está en la colección, y es una selección de manuscritos que hace que por ahora le demos prioridad.
Tenemos esta saga del jefe de patrulla rural que nos pareció interesante para empezar, porque finalmente en Argentina el policial está en el ADN de la literatura: históricamente está la colección El Séptimo Círculo, de Borges y Bioy; Piglia también tuvo su colección, la Serie Negra. Tenemos una particularidad en la literatura argentina: casi todos los grandes escritores pasaron por el policial. De hecho, creo que es Sergio Olguín quien dice que el policial es fundamentalmente argentino, porque tenemos un déficit tan grande de justicia que estas historias nos dan la impresión de por lo menos poder llegar a la verdad.

Por otro lado, el catálogo de La escena del crimen tiene tambien un poco la tradición del policial francés: es una literatura muy reconocida, nunca se la tomó como una literatura menor. A diferencia de otros países, finalmente el producto surgió como una literatura que vos comprás en la estación de tren. Se llama roman de gare, para poder estar entretenido durante el viaje. O sea, eran novelas cortas, muy dinámicas, porque la idea era que tenías que aguantar el tiempo del tren y no dormir. Y ese roman de gare fue así como el disparador de lo que son hoy las colecciones fantásticas de Gallimard, como la Série Noire, entre otras colecciones. Entonces a mí me pareció que en esta época, donde finalmente todos tenemos muchos problemas para hacernos tiempo personal, tiempo de lectura, volver a estos formatos de bolsillo, de novelas cortas de menos de doscientas páginas y con esta idea de acción, podía funcionar como apuesta.
Una buena sorpresa fue que grandes escritores no tenían lugar para editar historias cortas. Hay dos ejemplos que me parecen particularmente pertinentes: Carlos Salem y Patricia Suárez, que son escritores extremadamente reconocidos, que pueden ir a ver a cualquier editor y los va a recibir. Carlos Salem, cuando él va a editar novela en España, le piden más de trescientas páginas. Y entonces tenía material —porque todos los escritores tienen material que por razones diferentes no editaron—, historias cortas, fantásticas, pero que nadie le editaba. Y no son cuentos, son novelas. Y eso me pasó con todos los escritores que están hoy por hoy en la colección, dicen que muchas veces están obligados a escribir un poco más de páginas para poder llegar a esas famosas trescientas, que son las necesarias para que un gran editor la agarre. Entonces finalmente mi idea es decir: no, no agregues nada. Si la novela es buena en sesenta páginas, la editamos con sesenta páginas. Si la novela es buena en ciento veinte, la editamos con ciento veinte. Nosotros editamos novelas de menos de doscientas páginas.
Lo que tiene la fuerza de este género es que es una especie de tribu, tanto de lectores como de escritores y editores. Entonces el boca a boca funciona muy bien.
Y para 2026 tengo también ya el contrato sobre un manuscrito de Gustavo Abrevaya. Finalmente estamos recuperando grandes nombres de la negra. Lo que pasó fue que en 2025 recibimos todos estos manuscritos, y dijimos: “no podemos dejar de editarlos”. Pero económicamente fue muy difícil.
–Hace dos años se implementó el festival Semana Negra BA ¿responde a un interés creciente de parte de los lectores, del público en Buenos Aires? ¿Notás otros índices que muestren un interés hacia lo negro y lo policial?
–El festival es extremadamente importante, porque está completamente apadrinada por Barcelona Negra (BCNegra), que es el festival de literatura negra y policial más relevante en lengua española. Pero hay una especie de dificultad a conciliar: la riqueza de la literatura negra y policial argentina —que para mí no tiene equivalente— y la capacidad que puede tener el mercado para retomar esta oferta, difundirla, y hacer de esto algo rentable. Creo que hay una verdadera dificultad económica, comprar incluso libros de veinte mil pesos es complicado. Pero después lo que pasa es que nosotros hacemos muchos eventos gratuitos y la gente viene. O sea: hay interés, incluso de gente que no conocía el género.

Yo pienso que estamos muy intoxicados por los nórdicos. No es que desprecie esa literatura, pero es mucho más previsible que lo que es la literatura argentina. Nicolás Ferraro me dio una clave: me dijo que en Argentina, cuando vos escribís este tipo de literatura, tenés tan poca posibilidad de que te editen, que en el fondo escribís lo que tenés ganas. Es como cuando sos un escritor reconocido en un mercado como el español o el francés: hay una receta que seguir. Mucho thriller con el psicópata, tiene que haber un policía que pierde a la mujer, o que mata al bebé, hay un esquema. En Argentina vos tenés casi tanta variedad de maneras de contar como de escritores del género. De hecho yo te nombraba: nuestros escritores respectivamente vienen del periodismo, del teatro, del guión, de la medicina. Entonces cada uno escribe desde su historia, su manera de ver el mundo, su manera de contar el mundo. Eso se ve muy bien.
–Si tuvieras que mencionar colecciones, editoriales, títulos, autores claves: ¿qué recorrido te sirvió de referencia para armar la editorial?
-Hay muchas cosas. Pero si yo tuviera que elegir dos o tres: El Séptimo Círculo, que es la colección fundadora del policial, el policial de enigma. Después lo que hizo la colección de Piglia también.Y la que me parece más reciente y esencial es Negro Absoluto, que la dirigían Sasturain y Aquilina. Sasturain es el tipo que más militó para que el policial y la novela negra se conocieran en Argentina. Sus novelas del comisario Etchenike (que después pasó a detective) son fantásticas. Por eso en la librería me pareció una evidencia que en este género, la historieta y la literatura se hablan todo el tiempo. La historieta permitió seguir contando historias cuando, a causa de la dictadura, la literatura estaba casi fuera de la posibilidad de expresarse. Entonces la historieta pudo seguir contando historias que la literatura no contaba. Historietas como Perramus.
-¿Y qué destacás del panorama actual de la literatura argentina policial?
–A mí me parece que hoy por hoy la literatura del género en argentina está mucho más representada hacia lo que es la literatura negra. La literatura policial, por razones diferentes, quedó un poco relegada. Hablo de los escritores. Escribir un policial necesita mucho rigor. De hecho, generalmente los grandes escritores de policial en Argentina eran tipos que tenían, o venían de estudios matemáticos. Incluso si tomás un ejemplo mucho más reciente, como Guillermo Martínez, son tipos a los que les gusta la matemática, son tipos científicos, que tienen una cabeza científica. Porque es una escritura muy rigurosa en esto de la búsqueda del enigma y la resolución de lo que es la investigación. Y en Argentina, por razones diferentes también, muchos escritores de este género estiman que la sociedad es un caos, y que este caos es muy difícil de racionalizar. Entonces se sienten más cómodos en la ficción de lo que se llama literatura negra. Y pienso que ahí es donde la literatura argentina se despierta, tiene sus mejores referencias, sus mejores páginas. Porque la literatura negra como se escribe en Argentina no la encontrás en Europa. ¿Qué es lo característico de la novela de enigma, de la novela policial, sino contar cómo el crimen es un crimen social? Finalmente, los personajes del negro son perdedores. El sistema quiere contar historias de ganadores; nosotros contamos historias de perdedores. Y en estas historias de perdedores uno termina siempre un poco en situación de empatía, porque son víctimas de la sociedad y del sistema. Y eso es lo que permite la empatía, incluso cuando hacen cosas espantosas.
Y yo creo en esto: creo que en este tipo de narración la literatura argentina es particularmente buena, y se desmarca incluso de lo que puede ser la literatura en el resto de América Latina, que está muy orientada, po ejemplo los casos de México o de Colombia, están muy orientados a la criminalidad que tiene que ver con el narco o la trata de mujeres. En Argentina es más el peso de la historia. Y es importante recordar el peso de la historia en este momento.
