La posibilidad de entender la religión como un fenómeno biológico además de cultural es la premisa principal de “Las neuronas de dios. Una neurociencia de la religión, la espiritualidad y la luz al final del túnel” del biólogo y divulgador argentino Diego Golombek, publicado recientemente en España por la editorial Siglo XXI, tras una primera edición en 2014 y una segunda en 2022 en Argentina.
Golombek hace un viaje al corazón de las creencias y pasa revista a un sinfín de experimentos que muestran cómo actúan las neuronas de monjas rezadoras, budistas meditadores, pentecostales o iluminados con LSD, peyote, ayahuasca y hongos alucinógenos varios. Sin olvidar a las personas que han atravesado experiencias límite, como trances epilépticos o la vivencia de la propia muerte con la misteriosa luz al final del túnel.
Tras su estadía en España, donde presentó su libro, y luego de su participación en el Consejo asesor de la primera edición de Dubito, una propuesta para pensar el futuro desde el Sur con referentes de la ciencia y el pensamiento que tuvo lugar en marzo en Buenos Aires, el biólogo conversó con Señalador.
Señalador: ¿Cómo fue la publicación de “Las neuronas de dios” en España?
Diego Golombek: Estuve en el foro de cultura de Valladolid, una de las mesas fue efectivamente de ciencia y religión y me pusieron con Pedro G. Cuartango y Dolores Albarracín. Él periodista español con educación jesuita, pero más agnóstico de otra cosa y ella psicóloga y profesora argentina radicada en Estados Unidos.
A mí me ha sorprendido la recepción del libro, lleva varios años en Argentina y ahora se acaba de publicar en España. Fue mucho más positiva de lo que yo esperaba. Hubo mucha gente que me escribió, me mandó mensajes agradeciendo un poco la explicación a ciertos fenómenos que no tenían explicación. La explicación a un cierto éxtasis religioso o la explicación a por qué les hace bien esa creencia.
Hubo otros que no, hubo respuestas de “no nombrar al señor en vano” y cosas por el estilo, pero fueron las menos. Más de una persona me dijo, “sabés que me diagnosticaron epilepsia y a partir de entonces me volví creyente, voy a seguir siendo creyente pero no entiendo por qué” y esa es la función de la ciencia entender por qué somos lo que somos. Por qué hacemos lo que hacemos. Esas respuestas llenaron de satisfacción mi breve experiencia en España.
También hicimos una presentación del libro en el Ateneo de Madrid con una fotógrafa que yo no conocía, Lupe de la Vallina, una mujer joven muy creyente. Estábamos los dos preparados para el ring, y nos llevamos bárbaro porque ella me decía, “yo soy creyente y a mí me hace bien, me da placer la creencia, me da un sentido de pertenencia”. Y yo trataba de explicar eso desde un punto de vista biológico y llegamos a un punto común, con lo cual, ese miedo inicial de que pateara el tablero fue bastante infundado.

S.: ¿De dónde surge tu interés en las creencias humanas como hombre de ciencia?
D. Golombek: A mí me interesa contar la ciencia de lo cotidiano, de lo que le pasa a la gente. Entonces, busco en esos bolsillos donde la ciencia se esconde en la vida cotidiana: puede ser en la cocina, en los asados, en el sexo, en la atracción, en las ideas, en la creatividad, para mucha gente las creencias y la religión son parte de su vida, de todos los días. Ese fue un poco el disparador, y también la pregunta más científica, ¿cómo puede ser que hoy, en pleno siglo XXI, después de tantos avances científicos y tecnológicos, más del ochenta por ciento de la población manifieste tener una creencia en lo sobrenatural? Gran parte de esos que creen en algo sobrenatural lo organizan socialmente con una serie de rituales y de mitos y los llaman religión.
Se podría decir que es un fenómeno cultural, pero cuando algo se sostiene a lo largo de la historia y de la geografía, como la creencia en lo sobrenatural, que lo podés llamar Zeus o Thor o energía o dios, o como quieras, podés abrir un resquicio, una ventana para decir, pará, es algo biológico además. ¿Y si estuviéramos, de alguna manera, cableados biológicamente para que evolutivamente se haya mantenido esta creencia en lo sobrenatural? Esa es un poco la hipótesis que mueve el libro. Me puse a buscar evidencias posibles para esta hipótesis, y hay unas cuantas. La creencia en que hay algo más de lo material, que se ha mantenido durante tanto tiempo, podría llegar a tener alguna ventaja adaptativa, evolutiva. Entonces la religión, que sí cambia en historia y geografía, cambia de cultura en cultura, sería un fenómeno más ambiental o cultural.
Más allá de que yo no soy creyente, me parece que ponerse como científico contra las creencias, como suele pasar en un montón de conferencias, libros, videos, eso de la ciencia versus la religión, a veces no tiene sentido. No vas a convencer a nadie, vas a tener a medio mundo en contra, entonces me parece más interesante cambiar de preposición, en lugar de un versus, una ciencia de la religión, una ciencia de tratar de entender a la religión o a las creencias.
S.: Lo que queda claro en el libro, es que no hay una búsqueda de Dios, sino de saber por qué creemos.
D. Golombek: Exactamente, la pregunta de si Dios existe o no, no es una pregunta científica. Es absurdo hacérsela. La pregunta de por qué creemos en Dios, sí puede ser una pregunta científica, o qué le pasa al cerebro de una persona creyente versus a una persona no creyente, qué le pasa al cerebro de una persona que está en un rapto místico y de pronto tiene una visión y se pone a hablar con los ángeles. Bueno, algo está pasando, son alucinaciones, algo está pasando en ese cerebro. Eso es lo que sí me parece poder tratar de contestar desde la ciencia.
S.: En el libro sostenés que tenemos una predisposición a creer en lo sobrenatural, es decir, nuestra biología trae implícita la tendencia a buscar causas. Y afirmás lo que decías antes, que esto desde un punto de vista evolutivo, seguramente nos ha dado alguna ventaja adaptativa.
D. Golombek: Totalmente. Por supuesto, son dos planos de análisis diferentes. Uno es el plano individual. ¿Por qué a un individuo le “conviene” creer en algo sobrenatural? Y uno puede ser muy simplista en esto y decir… Imaginemos una escena primitiva en la cual un hombre y una mujer prehistóricos están en medio de algún desastre natural y tienen dos opciones: o decir, esto ya va a pasar, me quedo tranquilo, me quedo abajo del techito, o decir, esto es una señal divina y por las dudas salgo corriendo. Seguramente el que salió corriendo lo contó. Al otro lo pisó un mamut o le cayó un árbol encima. Entonces, individualmente podría haber un… “por las dudas creo porque así me salvo”. O por las dudas creo en ciertas señales como si fueran más allá de lo natural, más allá de la naturaleza y, bueno, me salvo.
También es cierto que a nivel individual tenemos una serie de preguntas, una serie de cuestiones que nos angustian mucho. Tenemos muchas cuestiones como humanos que son angustiantes. La principal es la muerte. El miedo a la muerte, la angustia frente a la muerte. Y las creencias después organizadas en religión te dan respuestas. La ciencia no. La ciencia es muy guacha. La ciencia te da más preguntas. Te deja todavía más ansioso, todavía más angustiado. Eso a nivel, insisto, individual. A nivel grupal el compartir ciertas creencias y sobre todo compartir ciertos rituales, ciertos mitos, ciertas fundaciones le da mucha cohesión a una población.
Que por supuesto puede ser aprovechada para el mal también. Puede haber líderes que aprovechen esa cohesión para llevarlo en una dirección determinada. Pero seguramente tanto la creencia en lo sobrenatural como sobre todo la organización social dio mucha fuerza a ciertas poblaciones que vencieron sobre otras.
S.: De alguna manera, creer ayuda a muchas personas a vivir…
D. Golombek: Sacale el “de alguna manera”, una persona creyente puede ser que se cure más rápido de una enfermedad. Puede ser que viva más, incluso, porque todos somos bichos profundamente estresados los seres humanos. ¿Por qué? Porque no tenemos respuestas. En cambio si vos tenés las respuestas dadas por un sistema de creencias, un sistema de pactos o de ritos te baja la ansiedad. Y eso no es un fenómeno solamente psicológico. Es un fenómeno fisiológico. La ansiedad es que tenés más cortisol en sangre, más adrenalina, más noradrenalina, que si se vuelve crónica y está dando vuelta te hace pelota todo el tiempo. Entonces si vos tenés algo que te permite bajar ese nivel de estrés te va a ir mejor.
S.: Si bien a nivel individual creer, no importa en qué, puede tranquilizarnos, a nivel colectivo, también es importante encontrar herramientas para aprender a gestionar la incertidumbre…
D. Golombek: Totalmente. Gestionar la incertidumbre sería una hermosa definición de ciencia. Porque se trata de eso, la ciencia trata de robarle secretos a la naturaleza.
Hay un montón de cosas que no sabemos. Entonces la ciencia trata de echarnos sobre las cosas que no sabemos y traerlas del lado de lo conocido pero en ese camino se te abren muchos caminos más, muchos desconocimientos más, muchas incertidumbres más. Creo que Isaac Asimov en alguno de sus libros dice que esta es una lucha muy desigual.
¿Qué ofrecemos nosotros? Preguntas, incertidumbre, angustias. Mientras que las religiones u otras culturas ofrecen por el contrario certezas, incertidumbres, respuestas. Pero está buenísimo, por eso hay ciencia, ¿no? Porque nos fascina esa incertidumbre. Una buena pregunta científica no se cierra con respuestas. Sino que te abren nuevas preguntas.

S.: Está presente en el debate público el revival de la fe. Se habla de un “regreso a lo religioso”, no sólo a la religión en sí, también a lo espiritual.
D. Golombek: En tiempos muy inciertos, y estamos viviendo tiempos inciertos como fue incierta edad media, y en épocas menos positivistas de la humanidad, seguramente la gente se vuelca más hacia el atajo, hacia la creencia en lo sobrenatural, en los signos, en los astros, en lo que fuera.
Yo ahí planto una cierta bandera. Si esas creencias en lo sobrenatural, no comprometen la salud, no comprometen el bienestar de la gente, hacé lo que quieras. Si vos querés creer que la Tierra es plana, que es un disparate, no tiene sentido, y sos feliz, ¿qué me importa? Me importa, me importa…
Por el contrario, si esas creencias empiezan a comprometer cuestiones de bienestar, de salud pública, de lo que fuera, ahí hay que plantar bandera y decir no, no, pará, pará. Las vacunas hacen bien. Estamos vivos por las vacunas, por el agua potable, por los antibióticos y por la comida, ¿sí? Así que no me vengas a decir que las vacunas hacen mal, porque es mentira. Es mentira y te puedo mostrar por qué es mentira, ¿sí?
O, si alguien quiere creer en los astros, en la astrología, y con eso es feliz, adelante. Pero si alguien cree en la astrología para dirigir un país, como pasa en Argentina, ahí hay que plantar bandera. Entonces son diferencias no muy sutiles dónde hay que plantar bandera y dónde podés dejar correr.
Hay gente dice que no. Que cualquier creencia en un disparate es algo así como la marihuana de las pseudociencias. Es la puerta a drogas duras. Yo creo que no, que una persona puede ser racional y creer en la astrología, por más que parezca un disparate. O sea, puede creer en la astrología y vacunarse. Y eso es lo que yo quiero.
S.: Cierta visión europea de la modernidad indicaba un camino de distanciamiento de las religiones, la teoría de la secularización, pero ¿podemos distanciarnos si tenemos una predisposición a creer en lo sobrenatural?
D. Golombek: Sí, la modernidad nos tendría que haber alejado de lo irracional. Y las creencias son irracionales. No hay razón en las creencias. Sin embargo, las creencias están acá, y en el mismo porcentaje de personas que hace cien años. Con lo cual, las traemos con nosotros, como diría Maradona, la tenés adentro. Está en nosotros. Son biológicas.
S.: ¿Qué sensaciones te dejó la primera edición de Dubito? ¿Cómo surgió la idea?
D. Golombek: Dubito nació de una charla que tuve con Víctor Malumian, uno de los editores de Godot, en la cual yo me quejaba amargamente de que en países cercanos, particularmente Chile tienen, hace mucho tiempo, eventos multitudinarios a propósito de la ciencia, del pensamiento, de los descubrimientos. Hay dos que admiro profundamente, uno es un evento oficial que se llama Congreso Futuro, se hace hace 15 años, el primero organizado por el Congreso de Chile con un senador que dijo hay que hacer esto y lo hicieron con todo, traen premios Nobel, a gente extraordinaria. El otro evento que es de una fundación se llama Puerto de Ideas, es similar. Combina un poquitito más cuestiones de ciencia con cuestiones de cultura en general. Lleva a muchos escritores, estuvo Ian McEwan, muy groso lo que hacen realmente. Me dio una espantosa envidia de por qué ellos sí, y Argentina, con la tradición de ciencia que tiene, no puede organizar nada, de hecho, la nada misma.
Y este editor, junto con su equipo de Godot, que la verdad es gente extraordinaria, se prendió. Dijo, ok, recogemos el guante. Yo no sé cuánto le creí pero al tiempo nos llamó a un grupo de personas como consejo asesor y dijo, lo vamos a hacer, ayúdennos, pensemos un poco el formato. Lo organizaron todo ellos, nosotros fuimos estrictamente asesores y se hizo un primer evento con muy buena participación. No sé cuánta gente fue, pero era mucha, estaba lleno. Fue un gran evento que dice, sí, se puede hacer esto, se puede convocar gente en Argentina, al menos en Buenos Aires o en grandes ciudades para hablar de la duda, hablar de las preguntas, hablar del método científico, de qué es lo que somos, por qué hacemos lo que hacemos.
Con lo cual espero que como en el final de la película Casa Blanca, haya sido el comienzo de una hermosa amistad. Que sea el comienzo de una serie. Porque es inconcebible que no tengamos esto en Argentina. Yo organicé cosas así hace mucho tiempo, hicimos un evento muy grande que se llamó Buenos Aires Piensa, hace 20 años. Parte de mi vocación científica la puedo precisar en la única vez que la Feria del Libro estuvo dedicada a la ciencia, hace 40 años te diría, o más. Invitaron a 10 premios Nobel. Ambos fueron eventos multitudinarios, una locura. Entonces, ¿por qué no se puede hacer esto en un lugar que se jacta de una cultura en general y una cultura científica en particular?
Eso es lo que tomó Dubito. La pegaron mucho con el nombre, realmente. Yo no sabía, por ejemplo, que la frase completa de Descartes era Dubito, ergo cogito, cogito ergo sum, yo pensaba que era cogito ergo sum. Lo que quiere decir que para pensar primero hay que dudar. Me pareció brillante el nombre y hubo momentos de alta densidad intelectual. Así que ojalá sea el comienzo de una larga serie.



