Publicación de autores inéditos, “la apuesta más difícil y estimulante”

La publicación de un primer libro parece un desafío mayor pero también una apuesta que resalta el trabajo editorial de darle lugar al inicio de una obra.

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En un contexto de incertidumbre, caída del consumo y falta de previsibilidad, la publicación de un primer libro parece un desafío mayor pero también una apuesta que resalta el trabajo editorial de darle lugar al inicio de una obra. Sobre cómo llegan esos manuscritos a los editores, por qué decidieron sumarlos a sus catálogos y cómo se organiza el trabajo de edición y difusión, conversamos con responsables de algunos sellos contemporáneos.

Para Damián Ríos, poeta, editor y responsable de Blatt & Ríos junto a Mariano Blatt, muchos libros llegan recomendados pero en general trabajan con los autores, con los primeros libros desde el inicio. ¿La clave? Identificar que hay un proyecto de vida con la literatura. “Cuando nos enteramos que alguien está escribiendo algo interesante o tiene interés en dedicar su vida a la literatura, es decir, en tener un vínculo con la literatura que vaya más allá de la publicación de un libro, empezamos a trabajar los textos con ellos desde mucho antes de que sean libros”.

Ese trabajo implica “corregir, comentar, hacer devoluciones, dar soporte emocional cuando un escritor está escribiendo, alentarlo cuando se traba, decirle que ya va a salir”, enumera. Para Maximiliano Papandrea, editor de Sigilo, “cada caso es distinto” pero con su equipo, una vez que deciden qué les interesa, lo primero que hacen es una evaluación de lo que creen que pueden aportar como editores al manuscrito y acordar con el autor o la autora el tipo de trabajo a encarar juntos. “Esto es: un método, plazos, la clase de intervención que haremos o que hará él o ella. A veces estos procesos llevan mucho tiempo, porque implican volver a una instancia de creación (reescritura o más escritura, por ejemplo), cambios más de fondo digamos, y a veces son más sencillos: cuestiones de estructura, de organización o disposición del material, o trabajar algún aspecto en particular, un personaje, cuestiones de estilo, el orden de los cuentos, etc.”.

“En cualquier caso, se trata de un diálogo intenso, de distintos niveles, que va de lo más general a lo más particular y que considera todos los aspectos, siempre siendo respetuosos con el material y con los criterios e intenciones del autor o la autora. En cuanto a la difusión o presentación en sociedad de un autor o autora inéditos, siempre digo que no hay nada más fácil que publicar una obra inédita (porque, como se sabe, hay muchísima gente queriendo publicar) ni nada más difícil, porque se trata de dar, entre ese mar de opciones, con una voz original, verdadera, que abra un nuevo camino en la literatura de ficción. Desde el punto de vista de una editorial, la considero la apuesta más difícil y más estimulante”, explica.

Encuentros con manuscritos que iniciaron una obra:

A veces la publicación de un primer libro es el inicio de una obra, como sucedió con “Cometierra”, la primera novela de Dolores Reyes. El manuscrito fue trabajado durante dos años con la autora “con muchas expectativas, pero aun así nunca imaginamos el alcance descomunal que la novela llegó a tener y todavía tiene”, explica Papandrea.

El entusiasmo apareció cuando detectaron “la fuerza que traía el universo ficcional concebido por Dolores, la expresividad y renovación de su lirismo conurbanense, la creación de un personaje inolvidable que se imponía desde las primeras páginas, la honestidad y actualidad con la que hablaba de la pobreza y el desamparo institucional”, repasa sobre una novela que se sigue reeditando, tuvo una segunda parte –“Miseria”, publicado por Alfaguara- y una adaptación en formato serie.

En el caso de la editorial Mil Botellas, la publicación de primeras novelas tiene un hito: el primer policial de Martín Malharro, reconocido docente de la facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y periodista, que entregó en 2010 su primer manuscrito, la novela policial “Calibre 45”. Fue el séptimo libro del catálogo que llevaba tres años de construcción.

“Se apostó al género. La pregunta era hasta dónde se puede estirar el género para conseguir lectores. Por suerte el policial tiene un límite muy generoso entonces fue una novela que se vendió muchísimo, se sigue vendiendo y la saga de policiales de Malharro sigue siendo un evento literario así que podríamos decir que se está convirtiendo en un clásico del policial negro argentino”, relata Ramón Tarruella, escritor y editor del sello.

La saga que menciona siguió con “Carne seca”, “Banco niebla” y “Cartas marcadas”. Malharro falleció en 2015 y su obra identificó a Mil Botellas con el género policial argentino. De hecho, la más reciente primera novela sumada al catálogo es “Flores de la calle”, de Marina Condó. “Pasaron 18 años entre la publicación de ‘Calibre’y ‘Flores…’ y tenemos más claro lo que puede llegar a enganchar o no en la novela. Sabiendo que el género tiene todo un nicho y un grupo de lectores que te garantiza una mínima aceptación, quizás hubiese hecho una tirada más grande de ‘Calibre’, que ahora ya tiene más de cinco reimpresiones. Esta traducido al francés, se escribió un guión y están buscando productora para una serie”, precisa Tarruella.

A veces el primer libro que se publica de un autor no es el primero que escribió y acercó a una editorial, tal fue el caso de Derian Passaglia con Blatt & Ríos. El autor había escrito 12 libros, algunos de los cuales había acercado a la editorial pero fue recién con su novela “El alma de las colinas” que se sumó al catálogo.

Entre las primeras novelas editadas por este sello está “Una familia bajo la nieve”, de Mónica Zwaig, una autora argentina criada en Francia que volvió a radicarse en este país en los últimos años. Ese movimiento y decisión atraviesa su primer libro y también el segundo editado por Blatt & Ríos: “La interlengua”. “Nunca sabés lo que va a pasar cuándo publicás un primer libro. Apostás a que esa persona siga escribiendo, porque sabés perfectamente que con el primer libro no vas a ganar plata ni siquiera vas a recuperar los costos”, reconoce Ríos.

El editor se entusiasma al reconocer el camino que se inicia en el trabajo estrecho con los autores “desde el comienzo de su carrera literaria, apoyándolos en el desarrollo de sus textos y ofreciendo soporte emocional durante el proceso de escritura”. “A pesar de las dificultades económicas en Argentina y la falta de ayudas para nuevos escritores, el equipo se dedica a la edición, promoción y comunicación de los libros, convencidos de que este enfoque es fundamental para construir una literatura y un catálogo sólido”, explica.

Oportunidades que caracterizan la identidad de un sello:

En el proyecto del sello platense, Tarruella identifica la publicación de los libros de Martín Malharro como una marca de identidad: “Al estar destinadas a un público de género sabés que hay una base de lectores que busca el policial. A ‘Flores de la calle’ la ayudó que la publicación fuera en la editorial que publicó la saga de Malharro. Me ha pasado de estar en el stand en ferias y festivales y que me pregunten si habíamos sacado algo más de del estilo de Malharro. Los lectores siguen la ruta”, grafica sobre esa búsqueda por ficciones policiales que los caracteriza.

Papandrea cuenta que desde Sigilo la primera ópera prima publicada fue “La mano del pintor”, de María Luque, una novela gráfica sobre la vida de Cándido López y la guerra de la Triple Alianza. “Fue en 2016, en los comienzos de la editorial, y la publicamos sencillamente porque nos enamoramos del libro y porque admirábamos a María como artista. El libro ya venía editado por José Sainz, que hoy en día dirige la colección gráfica de Sigilo, así que todo el esfuerzo en aquel momento tan incipiente de la editorial estuvo puesto en conseguir la manera de financiarlo: era un libro a color, muy costoso. Lo hicimos vía una plataforma de crowdfunding y nos apoyó muchísima gente”.

Entre las experiencias similares que recorren el trabajo de este sello está “La segunda venida de Hilda Bustamante”,de la poeta jujeña Salomé Esper. “Nos envió su manuscrito por mail. Salomé había escrito la novela casi sin proponérselo, dejándose llevar por una idea narrativa. Nos sorprendió mucho su talento y su sensibilidad literaria (además de buena poeta era una gran narradora). Hicimos un trabajo bastante puntual con algunos aspectos argumentales de la novela, no muchos, y cuando la novela salió al mundo enseguida encantó. Su segundo libro, de cuentos, confirmó que Salomé es una narradora de pura cepa y que no se trataba (como ella creía) de alguien a la que le había salido una novela sin querer”, detalla haciendo referencia a “Querer es perder”.

Ríos revisa archivos, chequea y la primera autora de la que publicaron un primer libro fue Marina Yuszczuk: “Lo que la gente hace”, un libro que se mueve entre la poesía y la novela familiar, y fue además el tercero de la editorial. Comenta Ríos que la autora tenía una pequeña edición, un fanzine con ese material, que él había leído en 2005, 2006 que había quedado resonando en su cabeza hasta que lo publicaron en 2011. “A partir de ahí le publicamos toda la obra, algunos fueron publicados por otra editorial, pero después lo reeditamos nosotros, así que hoy por hoy tenemos la poesía completa reunida en ‘Madre soltera’, que tiene que ver con su narrativa, sus cuentos, sus novelas, tanto las góticas como las más autobiográficas”.

La presentación de un autor puede ir de la mano del crecimiento de un proyecto editorial. La obra se puede ir consolidando a medida que ese catálogo encuentra también su lugar en la escena literaria. Algo de esto sucedió con Mil Botellas, Sigilo y Blatt & Ríos.