Guillermo Schavelzon: “Los editores argentinos dejaron de jugar fuerte en el mercado internacional de los derechos de autor”

Schavelzon conversó en el Malba con el director general de Siglo XXI Editores, Carlos Díaz, sobre la actualidad y los cambios en la industria del libro, el primer encuentro organizado por el portal de noticias editoriales Señalador, en colaboración con la editorial Ampersand y Malba

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Guillermo Schavelzon y Carlos Díaz, durante el encuentro “El ecosistema editorial de hoy. Lo que ya no funciona y los cambios que necesitamos”, en la biblioteca del Malba.

“Con el problema de las crisis económicas en Argentina, los editores argentinos dejaron de jugar fuerte en el mercado internacional de los derechos de autor”, dijo el editor y agente literario de amplia trayectoria en el sector editorial a nivel internacional, Guillermo Schavelzon durante la charla “El ecosistema editorial de hoy. Lo que ya no funciona y los cambios que necesitamos”, que se realizó el lunes por la tarde en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

“Cuando Sudamericana, Emecé, e incluso las editoriales chicas, compraban derechos de traducción, podían traducir, publicar esos libros y exportar, pero cuando ir a la Feria de Frankfurt comenzó a costar un ojo de la cara, los editores dejaron de ir y los españoles avanzaron como locos”, completó.

En el marco de su visita a la Argentina como invitado especial de la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Schavelzon conversó en el Malba con el director general de Siglo XXI Editores, Carlos Díaz, sobre la actualidad y los cambios en la industria del libro, el primer encuentro organizado por el portal de noticias editoriales Señalador, en colaboración con la editorial Ampersand y Malba.

Los expertos reflexionaron sobre los cambios recientes en la industria y abordaron problemáticas, desafíos y posibles caminos de salida en momentos de crisis. El papel de las editoriales independientes y la perspectiva de los grandes grupos editoriales también fueron ejes de la charla. La conversación también incluyó las experiencias como editor y los trucos del oficio, en base al libro El enigma del oficio. Memorias de un agente literario (Ed. Ampersand) que Schavelzon publicó en 2022.

“Creo que perdimos muchas cosas, no en la edición, sino en el mundo. De alguna manera las grandes editoriales de hace cincuenta años tenían una cierta sensación de responsabilidad social. Por ejemplo, Sudamericana, gracias a que tenía dos libros que vendían millones –Cómo ganar amigos e influir sobre las personas y El arte de vivir– entonces pudo publicar escritores absolutamente desconocidos en ese momento, como Julio Cortázar, Gabriel García Marquez, Juan Carlos Onetti. En el caso de Emecé, que era mucho más comercial que Sudamericana, publicó un libro que se llamaba Papillón que vendió un millón de ejemplares en Argentina y con eso publicaba a otro señor desconocido que se llamaba Jorge Luis Borges, cuyo primer libro vendió nada más que 37 ejemplares. Entonces, todos querían ganar dinero, pero además había esa sensación de que pertenecían a una sociedad que los había formado y enriquecido y querían devolver por lo menos una parte de lo que recibían”, contó Schavelzon.

Para el editor, “eso hoy se perdió en la gran concentración editorial en dos grandes grupos industriales, cuyo primer objetivo es ganar dinero, porque es lo que le exigen sus accionistas”, y “de ahí para abajo cambia la relación entre autores y editores, dentro de la editorial, cómo se toman las decisiones. En la edición comercial es muy siniestro lo que está pasando”.

Asimismo, apuntó que “lo único que la digitalización no aceleró es el tiempo de lectura”. En ese sentido explicó: “Queremos ofrecer un libro que requiere un tiempo de lectura y al mismo tiempo el sistema comercial hace que en las librerías a los diez días, si no se vendió, se devuelva. Y son muy pocos los libros que se venden en los primeros diez días o en dos semanas. La mayoría requiere tiempo. Eso lo logran hacer las editoriales independientes y las librerías independientes, pero ambas no se consolidan, lo tienen muy difícil”.

Entre los distintos diagnósticos que compartió durante la charla, el ex agente literario explicó que “es muy duro el mundo de las multinacionales del libro, porque son primero multinacionales y después ‘del libro’”. 

“¿Cuál es el criterio de una gran empresa que tiene accionistas o inversores, cuál es el principal valor? Ganar dinero. Si no le dan una rentabilidad importante a los accionistas, éstos invierten en otras cosas. Y eso está pasando hoy en Planeta y en Penguin Random House. Planeta diversifica sus inversiones en otras cosas y Penguin, según su presidente en Nueva York, el año pasado perdió el 19%, y eso es muy malo para nosotros. No es que tenemos que ponernos contentos porque a las multinacionales les va mal, porque eso trae consecuencias a las librerías, a las editoriales chicas, etc.”.

A su vez, al evaluar las diferencias entre el trabajo editorial en España y América Latina precisó: “La industria editorial española tiene una decisión de Estado, un Estado fuerte que decidió convertirse en la monopolización de la lengua española en el uso de los libros y editoriales”. 

Y agregó: “El mercado español es once veces más grande que el argentino y la población es la misma. Les puedo asegurar que los españoles no son más cultos que los argentinos, no son más lectores, lo que tienen es una estabilidad estructural que ha permitido un crecimiento constante”. 

En esa línea apuntó que “lo que hay que hacer es encontrar en esa historia cómo modificar las cosas. Las cosas se modifican cuando están mal. En los momentos de crisis es cuando se pueden hacer cambios, en los momentos de euforia nadie quiere hacer nada”.

Asimismo también diferenció que “el editor español es más rico y está más centrado en el negocio, en el buen sentido, tienen más información, por ejemplo sobre la existencia de la datos de ventas online del 98% del mercado con el sistema Nielsen, que aquí no existe, entonces uno sabe todos los días si el libro se vendió, en qué librerías y cuántos ejemplares hay en consignación. Es una diferencia de recursos estructural, no cultural”. 

No obstante, el editor destacó que en Buenos Aires “al entrar a la Feria del Libro se respira algo que no existe en otros países, ni en España, ni en Frankfurt, ni en las ferias profesionales. En Argentina hay una pasión por el libro de los que compran y de los que no pueden comprar. Yo escuchaba a unas chicas de un colegio que tenían 12 o 13 años, que se decían ‘mirá esto, mirá aquello’ y no podían comprar nada, pero tenían información, lo querían tener. Eso no existe en otros lados. La Feria en sí misma es un fenómeno ¿qué institución en Argentina dura cincuenta años? y crece, es cada vez más grande, con cada vez más gente”. 

En cuanto a las mejoras que se deberían hacer en el ecosistema editorial hoy, el agente literario subrayó que “es un desastre lo que está pasando en el ecosistema editorial hoy” y “lo que hay que cambiar va desde el autor hasta el lector: el sistema de la sobreproducción, el sistema de la consignación, el sistema del servicio de novedades que unifica a todas las grandes librerías y castiga con el descuento a las independientes, que eligen lo que se debe vender, porque el descuento se da más cuanto más comprás, la sobrepublicación en los servicios de novedades y rotación es un problema financiero, no de catálogo, ni de ocupar espacio en la librería, es cómo facturar un poco más de lo que te devolvieron el mes anterior”.

“Es una bola de nieve que termina mal. Es un cambio fundamental que sólo se puede hacer de forma consensuada entre editores, libreros, autores. No se puede hacer en forma individual, no puede una editorial cambiar el modelo de negocio, lo que tiene que cambiar es el sistema”, concluyó.

A lo largo de su trayectoria, Schvalezon se destacó como editor, librero, gestor de empresas editoriales y agente literario. Actualmente se dedica a la consultoría editorial para escritores profesionales y promueve a través de su blog el análisis y la reflexión en torno al sector editorial. Por su parte, Carlos Díaz se desempeña como director general de Siglo XXI Editores, supervisando sus operaciones en Argentina, México y España. Es sociólogo y ha estado vinculado a la editorial por más de dos décadas.