
Una hipótesis, un plan y un misterio convergen alrededor de la novela “Luz era su nombre”, ¿de Silvia Moyano del Barco? La autoría es difícil de afirmar. Resulta que Estela Canto (1915-1994) escribió ese libro para presentarse al Premio Literario del diario La Nación en 1961, con un jurado integrado por los escritores Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Carmen Gándara, Eduardo Mallea y un representante del diario La Nación, Leónidas de Vedia. Canto conjeturó que no iba a ganar el premio si firmaba ese manuscrito porque era una militante del Partido Comunista entonces lo hizo Moyano del Barco (1927). “Luz era su nombre” fue la elegida de manera unánime como ganadora del certamen.
Ahora, después de 64 años, la novela vuelve a conseguirse por el trabajo del docente, crítico y escritor Aníbal Jarkowski quien asumió como nuevo director de la Serie del Recienvenido de Fondo de Cultura Económica. Se trata de la serie inaugurada por Ricardo Piglia en 2011 en la que reunió 13 libros seleccionados y presentados por él con un criterio establecido: todos merecían volver a leerse porque tenían mucho para decir sobre el presente.
“Luz era su nombre” es un policial, transcurre a inicios de la década del ‘60 en la Ciudad de Buenos Aires donde Humberto viaja desde su pueblo para ser actor. Intenta lograrlo con un seudónimo: Camilo Larrañaga. El plan no sale bien y termina depositando en Adelina, una mujer de una clase alta, su posibilidad de quedarse en la ciudad convirtiéndose en su esposo. Pero ese plan tampoco resulta.
-¿Por qué retomar la Serie del Recienvenido con esta novela?
-Fueron criterios editoriales. Yo propuse algunos libros, argumentos en favor de esos libros y el orden lo maneja la editorial. Después había cuestiones de derechos porque había un enigma: ¿quiénes son aquellos herederos de Moyano del Barco? Que yo sepa no aparecieron nunca. Esta novela tenía méritos en sí, no es sólo un documento de la vida literaria, tiene distintas capas: que Estela Canto o Moyano del Barco pensara la novela en función de un jurado me parecía interesante. Uno podría pensar en un perfil interesado, pero es bastante sensato.
-Canto decía que no le darían el premio por ser comunista. ¿Ese era el argumento?
-Eso es lo que ella hace circular pero es hipotético, todo este universo alrededor del libro es hipotético. Por ejemplo, en su diario, Bioy se fastidia porque dice que, para él, jamás la ideología de un autor podría determinar un premio. Por otro lado, más allá de esa tensión ideológica está la cercanía de los Canto al grupo de Borges, Bioy, Gándara, Mallea. Hay un episodio más complicado: ella ya había ganado un premio de poesía en Necochea, no hubo prejuicio. Por lo tanto, habría que ver si no era algo endogámico premiar a una autora cercana. Por otro lado, era una autora que tenía varias novelas publicadas, un libro de cuentos y era un premio a novela inédita.

-En la novela también está la relación ambigua de la protagonista con ese sobrino que remite a lo que se decía de la relación de Estela con su hermano…
-Un lector borgeano puede pensar en ese vínculo endogámico entre la protagonista y su sobrino. También esa cosa obsesiva que va y vuelve en el relato con una fijación que, si uno está envuelto en Borges, evoca directamente al Zahir. Además hay episodios disparatados en esa playa hostil que evocaban a esos pasajes de Bioy con lugares que podrían ser idílicos pero son espantosos, aterradores. En «Los que aman odian», de Bioy y Silvina, hay una escena de playa asociada con restos de un pescado, esos elementos algo atroces se reencontraban en esta novela. También elementos mucho más enigmáticos como el título «Luz era su nombre» que es una referencia, aparece en el epílogo pero no es tan evidente que esté asociado a la trama. Sin embargo, hay una carta de juventud de Borges donde le escribe a un amigo diciéndole que ha gozado con una mujer en un prostíbulo llamada Luz. Incluso también está el otro costado: la protagonista pone las cosas en su lugar respecto de los hombres, hay una burla al machismo banal, grotesco que evoca esa burla que hace Bioy a ciertos personajes más machistas en su propia literatura. La audacia de Estela Canto es una virtud que se reconoce: no solo su pertenencia al Partido Comunista sino también su espíritu libre que hizo que cuando Borges le planteara casamiento, ella dijera que, como discípula de Bernard Shaw, tendrían que acostarse antes. Eso habla de una mujer con ideas muy claras respecto de su vínculo con los hombres, que pone las cosas en su lugar y hace sin pensar en qué debería ser. Es interesante todo eso en una novela que pasó los 60 años de publicada. Va en la línea del pensamiento de Estela Canto.
-¿Qué pasó con Moyano del Barco a partir de esta novela?
-Estamos hablando de un personaje del que hay muy poca información, pero lo que el propio Bioy dice es que ella quiso que leyera unos cuentos y él no quiso saber nada. Posiblemente porque estaba harto de leer manuscritos que le acercaba la gente. Después ella lleva unos poemas al suplemento La Nación y deciden no publicar ninguno. En la revista Ficción aparece un cuento suyo que se llama “Cartas sin terminar” que está en las antípodas de esta novela. Es antiperonista, de un odio visceral, transcurre la noche de la quema de las iglesias y básicamente está concentrado en la violación de una nena de parte de un albañil que vive en el conurbano. Toma una enorme distancia de esta novela, parecen de dos autoras distintas. La novela cayó en un cono de sombras, la misma Estela Canto venía publicando regularmente y deja de hacerlo, hay una especie de vacío hacia ella. ¿Era una sanción porque había habido una estafa al jurado? Imposible saberlo pero el libro no tuvo ninguna reedición.
-La novela se publica en la Serie del Recienvenido que contenía libros que, para Piglia, podían hablar con el presente. ¿Qué de esta novela dialoga con el presente?
–Hay una idea a considerar: los libros que tienen virtudes, las tienen más allá de cierta coyuntura. Esta novela puede ser leída hoy por sus méritos estéticos. La otra cuestión es que esta construcción de un personaje femenino de estas características y el papel caricaturesco del varón sintoniza con nuevas lecturas posibles. En un momento aparecieron algunas notas perdidas pero no las que podrían circular hoy que hay especialistas que hacen lecturas desde el feminismo y pueden percibir virtudes que en ese momento estaban invisibilizadas.
Por otro lado, esa estrategia de pensar de qué manera se puede presentar una novela para interpelar al jurado es un plus para quienes conocemos las obras de Borges, Bioy y Mallea porque podemos ir sorprendiéndonos con algunos elementos que nos pueden llevar a evocar sus textos. Es interesante escribir una novela muy premeditadamente en función de ganar un concurso, hay algo de la desidealización en ese gesto.

-Y que sea una mujer que se dispone a pensar su escritura en función de lo económico también…
-Además, entre los trabajos de la vida literaria, está la posibilidad de presentarse a concursos que muchas veces permiten una vida que no dan los derechos de autor. Eso es parte de una práctica intelectual que está como oscurecida, hay una idealización y se cree que las obras se escriben en un estado de emanación espiritual. También está la premeditación porque uno podría decir ¿cuál es el proyecto de un artista? Sobrevivir entonces ese premio es de novela corta, no va a llevar muchísimo tiempo, se puede resolver en pocas semanas, por qué no intentarlo. Claro que tenés que tener la habilidad, no me parece que sea para cualquiera pero si tenés la habilidad y la experiencia suficiente podés intentarlo.
-Siguiendo la hipótesis, eligió a una mujer para la firma. ¿Por qué a Moyano del Barco?
-Sí, una mujer que tal vez es la autora, este es el enigma. Pero también una mujer que tiene proximidad con ese mismo ambiente respecto del cual entran y salen los Canto porque efectivamente ella puede hablar con Bioy, ellos saben quién sería esta mujer. Ella vive a muy pocas cuadras del departamento de Bioy así que hay hasta un mundo de clase, de consumos culturales y esa cosa endogámica en estos vínculos tan extraños donde se repiten los títulos, los libros, los géneros literarios, las discusiones. Se ha presentado una autora que pertenece a ese mundo social.
Una nueva etapa para una serie:
Sobre qué títulos vienen, cómo decidió asumir este rol, cómo fue armando este nuevo corpus, el también autor de novelas como “Rojo amor”, “Si” y “El trabajo” habla en esta entrevista con Señalador el café de la Librería del Fondo.
En el libro “Trece prólogos” (FCE), se compilan los textos introductorios de los libros de la primera etapa de esta serie a cargo de Piglia y Jarkowski prologa la compilación. “La serie compuesta por Piglia se asocia y vindica ese desajuste en la medida en que los libros que la integran, aunque ‘publicados en otra época’, conservan su novedad de origen ‘como si hubieran conectado con el presente’”, escribe sobre ese criterio inicial.
-En “Trece prólogos” decís que cuando Piglia presentaba cada texto contaba en qué momento había leído los libros, ¿vos en qué momento leíste esta novela?
-Apartir de las anotaciones que hace Bioy en su diario en el que registra su vínculo con Borges. Es una novela que yo desconocía absolutamente. Hablo con mis hijos y les digo cómo se consigue esta novela. Al final terminamos consiguiéndola a un precio irrisorio en Pacífico, voy y resulta que el librero no la tenía, pero la iba a tener. Hubo unos días de demora en los que yo dudaba si esto existía. Conocí la novela al buscarla cuando era un libro que nadie buscaba.
-Pensé que había sido parte de tu trabajo para la novela “Si”…
-En absoluto, en realidad tiene que ver con un cierto interés por la intriga que se planteaba en los diarios de Bioy y la novela que armó esta polémica. Cuando la leí empecé a percibir algunas virtudes que me llamaban la atención entonces empecé a hacer estas asociaciones con posibles textos de los jurados. Empecé a ver este perfil del personaje femenino. Me interesaba mucho esta idea de un narrador en primera persona que se va acercando a la tragedia. Me gustaba esa cosa degradada del vínculo con la policía y la agencia sentimental. Y después su crescendo dramático. No encontré ninguna reedición, en algún momento fue un libro que se conseguía a dos pesos en las plataformas.
Publiqué un artículo contando un poco el caso, planteando algunas hipótesis y después delirantemente se fue multiplicando el precio de los ejemplares a valores absurdos directamente. De pronto el ejemplar original salía cientos de dólares. Ese hallazgo hizo que hubiera hasta una venta internacional de la novela a partir del redescubrimiento.

-¿Como fue la convocatoria a dirigir esta serie?
-Cuando la editorial me convocó dudé bastante, en principio para pensar en qué libros podían sumarse. La otra cuestión era que esto no podía ser una réplica de lo hecho por Piglia porque lo hizo desde un lugar simbólico muy concreto con elecciones de otro orden. Por ejemplo, en la serie original hay elecciones que son casi del orden generacional como Briante, Basualdo, Molloy, son personas que también hasta tuvieron vínculos personales con Piglia. Es un recuperar aquellos libros no tan leídos de ciertos autores que valora y quiere volver a poner en la mesa. Ese criterio no podía funcionar en mí. El criterio que adopté fue proponer libros que merecieran la oportunidad de la reedición. Hay un patrón fuerte que es mi opinión sobre estas novelas, los méritos que les voy encontrando pero evidentemente es la continuación de la serie con una inflexión distinta, no porque abjure del criterio original sino porque estaba muy marcado por Piglia. Él es un aval fuerte para el origen de la serie, mi idea es que los libros ameriten por sí mismos y que yo los acompañe. En algunos casos son textos que fueron valorados pero por distintas razones han desaparecido al interior de los autores también. Es el caso de “El cerco”, de(Juan) Martini.
-¿Es el próximo libro de la serie?
-Sí, es una novela con un aire policial peroque también está muy marcada por la política, me gustaba mucho de esa novela que se ocupa de los tiempos previos al golpe de estado. Tiene un registro de la violencia que no corresponde al período de la dictadura sino al previo. Está hecho de una manera muy sutil, no es lo central pero hay un clima de tensión, violencia y amenaza que le da un tinte muy particular. Por otro lado esta cosa aproximada al género que serían los enigmas policiales. Después cierto aire que parece unir a Kafka con el policial, es una novela muy original.
Uno de los problemas que tiene esta continuidad de la serie es el vínculo que se establece con los lectores cuando los autores han muerto. Esa presencia del autor que garantizaba la sobrevida de los libros y muerto el autor se va desvaneciendo. Trato de pensar en el libro y no en el autor por eso los prólogos no los pienso desde las obras sino desde cada libro y cómo interpela a nuevos lectores. De hecho, decidí no poner mucha información sobre los autores, básicamente porque el interés se resuelve ahora entrando a Wikipedia. Más bien aprovechar el espacio del prólogo para que no se derrame sobre el libro sino que más bien proponga algunas lecturas pero sin enfocarse en la vida de los autores.
-Pasaron 10 años entre una serie y otra y la escena literaria también cambió. Los autores a través de las redes sociales y los mecanismos de circulación que generan las redes también se arma una escena en la que el autor está en primer plano.
-Eso habla de mi fuera de lugar, yo no tengo redes sociales. Cada libro tenía que justificarse en sí. La serie de Piglia está muy asociada con un clima de los años 60 que de alguna manera es una vindicación de su tiempo, de su formación. Acá fui por otro lado: en el caso de Martini era una novela que había dejado de circular, ya no está el autor para acompañar y dar entrevistas, explicar, pasa lo mismo con «Nada que perder» de Rivera. Los libros quedaron solos y ahí los críticos, los escritores tenemos algo para decir.
-En el caso de la serie dirigida por Piglia, logró que se reeditara Libertad Demitrópulos. ¿Hay algún autor que pensás de “rescate”?
-Propuse la reedición de “El apartado” de Rodolfo Rabanal. Me parece una gran novela. Ojalá encontrara lectores que vayan por otras novelas de Rabanal. Su vínculo con la política, volverse funcionario, sus ocupaciones pueden haber influido. Pero esta novela tiene mucho mérito, fue un texto muy valorado en su momento. Es muy diferente al resto de las novelas que fui pensando pero me parece un gran libro y ese fue mi criterio dominante. Es su primera novela, alguien que nunca había publicado y no se entiende cómo de pronto es elogiado, aparecen reseñas, encuentra un lugar en el campo literario. Tiene una frescura muy de primeras novelas, más allá de que no es una novela confesional. Probablemente sea una novela de un gran lector además, eso puede explicar algunas cosas que Rabanal hace.
