«Cuando llegue el momento de que Mercado Libre se haya comido todo, quiero que la librería física ya esté establecida»

Después de trabajar durante diez años de manera virtual, Lu Reads abrió su librería en Parque Chacabuco. Luciano Altman cuenta en esta entrevista por qué apuestan a la presencialidad aunque sostiene que las ventas online «se están comiendo vivas a las librerías».

,
Luciano Altman, en su librería Lu Reads. Foto: Rocío Wittib

Es un miércoles por la tarde y el clima está extrañamente cálido para la estación. El barrio, Parque Chacabuco, es tranquilo, silencioso. Camino hasta la puerta de Lu Reads, que tiene dos vidrieras enormes llenas de libros. Cuando entro, me recibe Luciano Altman, creador y dueño. Lu Reads comenzó como una librería virtual, en un contexto previo al boom de las editoriales independientes en Argentina. Podría decirse que su librería ayudó a impulsar el movimiento y a hacer llegar los libros editados por las pequeñas editoriales a más lectores.

Mientras recorría la librería, Luciano me contó que, cuando surgió Lu Reads, él vivía a una cuadra de este mismo local, en la calle Malvinas Argentinas. En el medio se mudó a Caballito y, diez años después, casi once, cuando decidió abrir la librería física, se encontró volviendo adonde todo empezó.

¿Cómo surgió Lu Reads?

-Hubo dos o tres cosas que sucedieron al mismo tiempo. Yo era muy amigo de Hernán López Winne, de Godot, y él ya organizaba las primeras FED que eran en La Tribu, a las que iba como asistente y amigo suyo. También me empezó a pasar que alguna compañera de laburo me decía “che, vos que andas en esa, ¿este libro lo conseguís?”. Además de mi laburo en El Limonero, la editorial, siempre vendía cosas por Mercado Libre. La cuenta con la que hoy hago las ventas es de 1999 y preexiste a Mercado Libre, era DeRemate. Siempre vendía, incluso llegué a traer libros de afuera, de música, cds y vinilos, todo muy por izquierda, muy informal.

Entonces lo que hice fue unir esas dos cosas: mi afán por vender con este rubro en el que veía que estaba pasando algo, que había algo a punto de explotar. Era 2015, previo al gran boom de las editoriales independientes, había un caldo de cultivo ahí. Algunas editoriales ya existían y tenían más años, por nombrarte una, Blatt & Ríos, que ya tenía un recorrido de un par de años.

-La viste venir, se podría decir…

-Se puede decir que sí, lo que pasó fue que al no tener capital no lo pude explotar bien. Fueron muchos años de que fuese algo esporádico que hacía mientras sostenía el otro laburo. Con los años le fui dando más lugar a la librería, y en determinado momento renuncié a mi laburo y me dediqué de lleno. De fondo, el fin siempre era abrir un local, era un anhelo muy difícil de concretar, hasta que nos tiramos a la pileta.

¿Cómo fue la transición de una librería virtual a una librería física?, ¿qué cosas cambian?

-Es una experiencia que todavía estamos atravesando, somos mi mujer Victoria y yo. Son mundos que no se tocan para nada, lo único que compartís, en este caso, son los proveedores, porque te diría que ni siquiera el espectro lector es parecido. O sea, en el fondo sí porque la gente que lee compra también por Mercado Libre, pero la curaduría que pretendo darle al local físico no es la misma que la del online. Ahí me permito vender cosas que no me copan, libros que en el local no les doy exposición, van directo al depósito y se venden online. Igualmente tengo mis límites, hay cosas que no quiero ni voy a vender pero otras que sí y solo vendo online.

El slogan de la librería es “Libros que sí se consiguen”. ¿Cómo es eso de encontrar libros que en otros lados no se consiguen?

-En 2015, las editoriales que ahora son grandes editoriales independientes eran editoriales más chicas. A muchas las he visto crecer como creció Lu Reads, pasar de tener una distribución propia a formar parte de Big Sur, Waldhuter, por ejemplo. Ese proceso lo vi en primera persona, incluso recomendando a editoriales que vayan a una u otra distribuidora. En ese momento, además, las editoriales no tenían una infraestructura para vender online y tampoco habían explotado tanto las redes sociales, todo era a una escala más chiquita, todo estaba más condensado. Entonces pasaba que si de repente querías un libro de una editorial independiente, te costaba un poco conseguirlo, porque no estaban en Mercado Libre, no ibas a las web de las editoriales, y la distribución era más chica, entonces no estaban en Yenny o Cúspide. Era más común tener que rastrear un poquito el libro, y así fue que pensé: acá sí se consiguen esos libros que no se consiguen.

Foto: Rocío Wittib

Vos te ponías en contacto con las editoriales

-Sí, era todo muy mano a mano. Al principio, como no tenía cuentas en distribuidoras, iba a buscar los libros en bicicleta, tal vez dos, a veces tres o cinco, porque al no disponer de un capital amplio no podía comprar más, y no me consignaban. Después veía cuáles se vendían rápido y los reponía. Fue como una rueda que tardó años en ponerse en funcionamiento. El circuito era ese, muy directo con los editores, lo que me hizo conocer un montón de gente, que estuvo buenísimo. Hoy en día, una cuenta online que empieza de cero no sé si llega directo a los editores como se llegaba en ese momento.

-¿Qué es ser librero para vos hoy?

-La sensación es que hay un librero por lector casi. En algunos casos, sos solamente la persona que entrega el libro y no intermediás nada, como un delivery, experiencia que tengo muy marcada. Pero desde que abrimos acá, me encanta compartir ideas, una recomendación. Aprendo un montón de los clientes y lectores, descubro muchas cosas, por eso realmente creo que hay un librero por lector. En algunos casos la intervención es nula, y en otros es muy grande, porque además si estás entusiasmado con un libro o un autor y lo recomendás y la pegás, está buenísimo. Yo creo que ser librero tiene muchas aristas distintas.

En ese sentido, cambia mucho el oficio del librero cuando es virtual. ¿Recibías muchas consultas o era más una compra por algo específico y listo?

-No, en la cadena de lo virtual lo único que hacía era entregar el libro, al cliente le llegaba como un pedido y ya, sobre todo porque no llegué a explotar el tema redes. Ahora, si vos ponés la cara en las redes sociales y estás muy activo, podés jugar a ser un librero virtual y presencial al mismo tiempo. Lo que me pasó a mí es que el camino que hice fue muy mediado por Mercado Libre, durante mucho tiempo fue solamente entregar los libros. Y siento que como librero físico estoy muy verde todavía, aunque hace más de diez años me dedico a esto, fue como empezar de cero. En ese sentido, siento que recién estoy empezando a recorrer ese camino, porque en el medio no tuve una dedicación full time, te diría que hasta hace tres años no la tenía.

Y además vos no habías trabajado en librería, ¿no?

-No, nunca. Es un desafío muy grande que requiere mucha dedicación y estar al día con lo que vendés, es como una pelea diaria casi, disponer del tiempo para formarse como librero.

Antes se creía que eventualmente las librerías iban a terminar siendo todas virtuales, que todo tendía hacia lo digital, y ustedes hicieron el camino inverso

-Yo siento que hay cierta repulsión hacia lo virtual, una reacción natural, pero en el día a día las ventas online se están comiendo vivas a las librerías. En este momento de crisis económica, lo que yo veo incluso en colegas o acá en los pocos meses que llevamos, es que no es una tendencia que vaya achicándose, sino al contrario: todo tiende a la venta online. Hablo de una forma casi contradictoria, porque decidimos abrir apostando en el sentido contrario y es difícil porque, a nosotros, la venta online es lo que nos sostiene el local. Entiendo que en casos inversos es distinto, pero una librería requiere años de funcionamiento para establecer su clientela. A nosotros no nos pasa eso, las ventas de acá son muy modestas.

La apuesta es revertir eso, apostar a que como librería de barrio nos vaya bien, y poder irnos de la venta online. Realmente yo lo hago no porque esté de acuerdo sino porque así surge la librería y porque es el ingreso principal de mi familia, es mi laburo, pero no estoy totalmente de acuerdo con seguir vendiendo online.

-¿Qué podés decir de cómo funcionan las ventas online?

-Mi sensación es que la web propia no funciona. El circuito es: la gente googlea, el primer resultado es de Mercado Libre, compra ahí, y punto. No hay ni siquiera contacto con el librero, te llega el motoquero y se terminó. En el medio hay un montón de cosas que se pierden, incluso poder hablar del libro. Hace poco en una reunión con libreros, Andrés Montero decía: la gente no se enamora en Mercado Libre, y sí se enamora en las librerías.

-¿Cuál es tu criterio para armar el catálogo de la librería?, ¿cómo equilibrás gusto personal con tendencias?

-El catálogo de la librería virtual y la física coexisten. Empecé con editoriales muy independientes, que me encantan y a día de hoy sigo vendiendo, y hay una pequeña traición en que no tienen el lugar de exposición en la librería que tiene, por ejemplo, Anagrama. Eso es algo político que uno decide hacer y puede sostener o no hasta un punto. El contexto económico deforma la experiencia, porque hay veces que priorizás lo que vende un montón, dentro de los límites de lo que uno decide traer, claro. Por ejemplo, a Nik no lo voy a traer nunca, nunca vas a ver un Gaturro acá aunque se vendan diez mil. Pero entre lo que sí traés y lo que no, exponer mucho de un mainstream y no exponer mucho de una editorial chiquita con la que vos hiciste contacto desde hace diez años es una cuestión que, de mínima, te hace preguntarte cosas. Cómo lo resolvés, qué lugar das a cada uno. Es casi político y está tomado por la experiencia económica, ya que tengo que poner un libro de un monstruo editorial porque sé que va a vender y a una editorial chiquita que quiero mucho por ahí le tengo que dar un cubículo abajo en la esquina. Es tratar de traicionarse lo menos posible.

¿Cómo es el perfil lector de la librería? Géneros, autores, editoriales

-Es súper aleatorio, uno trata de moldearlo con la curaduría que le da a la librería. Alguien que viene y me pide autoayuda muy probablemente no vuelva, porque ve que yo no sé nada del tema y no puedo ni recomendar. Los que sí van a volver con el correr de los años son los que sean afines a esta curaduría, que tiene como base las editoriales independientes y los autores que publican en ellas. Hay una línea y una coherencia estética en lo que traemos.

-¿Qué opinás sobre las tendencias de escritura actuales?, ¿hay algo que te llame particularmente la atención?

-En particular estoy muy a favor de que todo el mundo escriba lo que se le da la gana, porque en algún punto se puede decir que soy un escritor frustrado, y admiro a quienes mantienen el sueño y se dedican a escribir, y escriben lo que pueden, lo que les sale, lo que creen que está bien. Me gustará más o menos pero apoyo que los que tienen ese deseo se pongan a escribir.

¿Creés que tiende más hacia cierto género?

-Hay muchas corrientes que tienden a lo autobiográfico y a mí me gusta. No me sale oponerme de por sí a cierta tendencia, si está bien escrito y está bueno lo que cuentan, adelante.

-¿Surgieron nuevas editoriales o distribuidoras con las que empezaste a tener contacto desde que abriste acá?

-Parte de abrir fue una apuesta a conseguir más editoriales y distribuidoras. Hay distribuidoras que no abren cuentas a librerías virtuales; en otras con las que trabajaba sí tenía cuenta pero no consignaban si no tenías librería física. La consignación es clave para un librero porque no podés comprar todo. Al abrir acá, algunas distribuidoras con las que ya trabajaba me dieron otro trato, y yo sabía que iba a ser así. Me parece que está bien igual, en estos años hablé mucho con distribuidores y editoriales que dicen “abre una librería virtual por día”. Siempre hubo un trato preferencial en el porcentaje de descuento, y me parece bien porque son otros gastos los de la librería, como sostener empleados, alquileres.

Hiciste el camino inverso

Sí, abrir era ir contra la corriente de que todo vaya a Mercado Libre, porque realmente quiero desandar ese camino, dejar de vender ahí. No sé si mi deseo va a ir de la mano con lo que pasa, porque realmente cada vez compran más y más online. Al margen de eso, cuando llegue el momento de que Mercado Libre se haya comido todo, quiero que la librería física ya esté establecida. Si nadie más que ellos va a vender online, entonces que seamos más los que sobrevivimos de venta presencial.