Gabriela Wiener: «Me gusta en la literatura la impureza»

A raíz de la reciente publicación de “Dicen de mí” de Gabriela Wiener en la editorial Cerro Amarillo, conversamos con la autora y con el editor Alejandro Bidegaray acerca del nuevo libro y del proyecto editorial fundado septiembre de 2025.

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Cerro Amarillo nace del espacio Artefacto, dedicado a textos y textiles que abrieron Alejandro Bidegaray junto a su compañera Milagros Alvarez Colodrero, en Juella, un pueblo de montaña jujeño ubicado cerca de Tilcara.

En palabras de Bidegaray, “Cerro Amarillo quiere observar específicamente Latinoamérica. Una editorial enfocada en no ficción, crónica, ensayo y pensamiento latinoamericano contemporáneo. La pienso como una editorial de frontera, de espacio liminal, de mestizaje”. 

El editor también dirige desde hace 15 años la librería Musaraña ubicada en Florida y el proyecto editorial nacido de la misma, Musaraña Editora, cuyo trabajo se enfoca en historieta y experimentación gráfica con colecciones para adultos y para infancias.

“Hoy habito en un territorio que es Argentina, pero los Andes son también Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador… y de alguna manera todo el continente. A veces lo andino me parece la columna vertebral de este modo de estar y ver, y me interesa pensar este nuevo catálogo desde una perspectiva territorial, geográfica, temporal y espacial. Editar desde acá me genera otra forma de ver el paño editorial y quiero que eso se sienta y se traslade a la colección. Creo que editar también es habitar”, afirmó Bidegaray a Señalador.

La editorial lleva publicados los títulos “Los hijos de Goni” Cuya Reyna, “Instrucciones para las ruinas” de Ana Fornaro, “Yanak Uywaña: La crianza mutua de las artes” de Elvira Espejo Ayca y el más reciente, publicado en junio de este año, “Dicen de mí” de Gabriela Wiener. El diseño de colección lleva fotografía contemporánea latinoamericana en tapa con la idea de que se pueda armar una cierta exposición colectiva de ese mosaico.

“Me parece que hay un espacio libre e interesante dentro del panorama editorial argentino actual para un sello con estas características, por más que se publica autores y autoras del resto del continente hay un montón de literaturas periféricas que no tienen lugar fuera de ciertos nichos, o suele haber esfuerzos aislados. Me interesa puntualmente para este catálogo la idea de mosaico, de que se pueda a futuro ver la colección como una foto integral de un momento de Latinoamérica. Pienso por primera vez el catálogo como un todo y sus partes”, dijo el editor a Señalador.

A continuación les compartimos la entrevista realizada a la novelista, performer y cronista, entre otras cosas, Gabriela Wiener (Lima, 1975).

Señalador: ¿Cómo surge la idea de hacer estas entrevistas sobre vos para un libro tuyo?

Gabriela Wiener: El libro surge porque yo tenía una sección de entrevistas en el diario de la república de Perú. Durante años me gané la vida como periodista, columnista, opinadora, entrevistadora y entonces combinaba un poco mis trabajos aquí en España con cosas que hacía en Perú en colaboración. Durante varios años tuve una sección de entrevistas y como estaba aburrida de hacer lo mismo andaba proponiendo nuevos formatos de entrevistas y decidí proponer una sección de entrevistas solo a gente de mi vida y bueno al editor le pareció una locura, una contería, pero al final accedió entonces ahí publiqué las primeras que salían con una foto del entrevistado. Cada vez se ponía más difícil, la gente del periódico se empezó a quejar y decían que no les interesaba mi vida, que qué sentido tenía algo así, así que clausuraron las entrevistas y esto migró hacia hacia la posibilidad de editarlas con más entrevistas, hacer más y formar un libro. 

Luego esa idea también sale de una trayectoria hasta ese momento de escribir literatura del yo, autobiográfica, autoficcional y que bueno, esto ya era como el non plus ultra del yo, rizar el riso como se dice en España. Por otro lado, si había una cosa muy sensible o verdadera, yo siempre he querido saber qué piensan los demás de mí. Contra toda cuestión intuitiva de supervivencia, contra todos los discursos de autoayuda que dicen que sólo mires hacia adentro, no hacia afuera. Puede que sea un error, un trastorno o una preocupación dañina, pero en cualquier caso sí que el pensar que podía hacer unas preguntas clave a gente, no a cualquiera, sino a gente que me importa, gente importante en mi vida que me habían marcado de una manera, me pareció algo que sí, que era una intriga, yo andaba así en esas cuestiones de buscar la verdad verdadera, pero está claro que todas son versiones de la historia entonces bueno quería saber una versión que no fuera la mía, utilizando las herramientas que conocía, por ejemplo las del periodismo, las de la entrevista y así empezó todo.

S.: ¿Cómo fue convertirte en periodista de tu propia vida? ¿Qué te aportó como ejercicio periodístico este libro al cual definís como «Frankenstein de vos misma«

G. Wiener: Bueno, creo que haber sido etiquetada como de periodista gonzo, sobre todo por mis libros Sexografías, ya te da una idea de que se ha cruzado constantemente el oficio de periodista con mi escritura, con mi literatura, con mi propia vida. Yo ahora hablo pues de una escritura más bien híbrida, degenerada, porque es de género fluido, digamos, y en general todos mis textos son un poco Frankenstein, porque precisamente no se adscriben a ningún género cerrado, particular o purista. Me gusta en la literatura la impureza, practicarla, bastardear los textos, todo eso que tiene que ver con un espíritu antipatriarcal y anticolonial, contra las normas y los parámetros de las escrituras.

Y bueno, creo que como siempre, experimentar un poco con las herramientas, con los géneros y con los registros, aporta mucha libertad, te pone en lugares muy fronterizos, por lo tanto también más retadores e interesantes. Yo siempre me moví como en los márgenes de la literatura, del periodismo, de la academia, del activismo, sin equidistancias, sino tratando de estar ahí metida en todo. Entonces creo que fue un libro de los más raros míos, que jugó un poco con los límites de la escritura personal.

S.: Contamos acerca de esta edición actualizada del libro que ahora se extiende con la parte “Dicen de mí ahora” donde realizás seis entrevistas más, entre otras a Camila Sosa Villada, Cristina Fallarás, a Claudia Ulloa Donoso.

G. Wiener: Habían pasado casi 10 años de la publicación de la primera edición de Dicen de mí y quise actualizarla. Y creo que la mejor manera era incluir nuevas entrevistas y pensé hacerlo con escritoras que son para mí referentes, por eso están ahí y además gente que quiero mucho, o sea, toda esa dimensión del amor de las amigas que compartimos el oficio y la literatura.

S.: ¿Qué esperabas encontrar antes de empezar las entrevistas? ¿Te encontraste con cosas que no hubieras escrito por tu cuenta?

G. Wiener: Sí, me encontré con muchas cosas sorprendentes y no predecibles. Es decir, sí, yo, digamos, diseñar el cuestionario, las preguntas y, por lo tanto, más o menos tener el control de los caminos a los que podría llevar la conversación. En definitiva, también quienes estaban co-escribiendo esas entrevistas conmigo, también estaban aportando, ¿no?, senderos inesperados.

Y creo que por ahí fui. En algunos casos con repreguntas, en otros casos simplemente documentando esos sentires que podían ponerme a mí en situaciones incómodas o que podían ser cosas difíciles de escuchar o de gestionar. Pero ahí estaba la gracia del libro. Que toda esa incomodidad se mostrara, que se mostraran los mismos mecanismos del libro. Lo que había detrás que era un poco un experimento, una aventura conjunta de escucha y de habla posibles, un poco performativa también. Tiene eso de experimental, porque de alguna manera todo es un juego de escribirnos, de escribirnos mutuamente, de reescribirnos, de versiones sobre la misma historia, de cómo estas chocan, colisionan, y se transforman también en el encuentro de decirnos supuestas verdades por primera vez que no lo son tales, que al final son también matizables. Que son también simplemente miradas de las cosas que ocurren y se comparten. Así que, bueno, fue algo interesante.

Es un libro que he escrito con la complicidad de otras personas, con las voces y las miradas de otras personas. No me atrevo a decir que sea un libro colectivo, evidentemente, porque mi idea, mi autoría está clara, lo firmo yo, etcétera. Pero claro que están ahí todas las otras presencias, y diciendo con toda libertad lo que quieren decirme.

S.: Hay una de las entrevistas que decidiste no publicar, la de un ex novio que ejerció contra vos violencia machista, “no publico la entrevista sino la crónica de su imposibilidad”. ¿Sentís que fue más importante hacer esa entrevista o decidir no publicarla?

G. Wiener: Bueno, creo que la entrevista finalmente no se publicó, pero se publicó. La crónica de una entrevista frustrada en este caso me parece que completa el trabajo y mis objetivos de otra manera. Si es verdad que yo quería como promover, empujar un encuentro que tuviera como honor de la justicia restaurativa y que ambas partes también pudiéramos sacar un aprendizaje de ello y poder poner en cuestión cosas de nuestros comportamientos y de la manera en que nos relacionábamos sin castigo, y por supuesto que eso me hubiera interesado más, pero quizá políticamente en el momento en que yo escribí esa crónica y publiqué ese libro, pienso que es una reedición, también tenía bastante sentido que no lográramos ese momento deseable, que fuera demasiado pronto o no estuviera preparada la otra persona para asumir su parte.

Y creo que el hecho de que en esa ocasión no haya sido posible no quiere decir que debamos tirar la toalla y cerrar las puertas y la posibilidad de conversar con nuestros agresores o nuestros agredidos o agredidas y de pronto imaginar, reimaginar otro futuro de justicia, otra manera de afrontar el dolor, la herida, el trauma, no lo descarto, pero sí me pareció importante en ese momento que se hiciera incluso así, dar cuenta de cosas como la revictimización, el negacionismo, también posiciones muy reaccionarias, hombres que no son capaces ahora de revisarse ni mirarse, también de parte de nosotras, también nuestros errores, la forma en que hemos caído muchas veces en sufrir lo que eran supuestamente unas herramientas para hacernos justicia y que terminan siendo algo que nos rompe entre nosotras, hacia adentro también, la imposibilidad de hacernos una autocrítica también. Bueno, son cosas que aparecen ahí, que están en ese texto y que es el texto que yo podía escribir en ese momento.