
“Creo que es una mezcla del sentimiento de no encajar, el deseo siempre de conocer y la sospecha de que lo que normalmente te enseñan pues no es todo lo que hay”, expresó a Señalador Laura C. Vela, una de las editoras de Comisura, sobre el trabajo de rastrear archivos, investigar y editar.
Las editoras del sello español, Carlota Visier y Laura C. Vela, visitaron Buenos Aires por primera vez en el marco de la FED y conversaron con este medio sobre el recorrido del proyecto y la recepción de la editorial en Argentina: “Todo el mundo nos decía «la FED es una locura, la FED es una locura», pero sinceramente no nos lo creíamos… y solo el primer día vendimos la mitad del stock que trajimos”.
Comisura nació durante la pandemia con un fanzilibro titulado Las simples cosas, en el que se les propuso a cinco escritoras redactar un texto inédito sobre lo pequeño de la vida y a cinco fotógrafas transmitir la misma idea a través de imágenes. A este primer cruce le siguió la colección Esto es un cuerpo, en la que cada entrega se enfoca en una parte del cuerpo, comenzaron por las manos, reuniendo textos vinculados al trabajo, la violencia y la creación. Más adelante se consolidaron formalmente como Ediciones Comisura y desde marzo de este año sus libros se distribuyen en las librerías de Argentina.
–En sus libros se nota un gran trabajo de investigación, rastreo y archivo. ¿De dónde surge el deseo de buscar y recuperar?
Carlota Visier: —Yo creo que surge de una pulsión también de nuestra familia, de nuestro recorrido vital, porque a ambas nos interesa mucho la foto familiar.
Laura Vela: —Tiene que ver con este gusto por ir más allá en la memoria, creo que simplemente es una curiosidad con la que se nace, que está ahí. Por ejemplo, yo fui a un colegio de monjas y lo que me enseñaban se me quedaba corto, decía, tiene que haber más en este mundo. Yo siempre he sido más de bichear en internet, saltar de una página a otra y no saber cómo acabar en un sitio extrañísimo con un montón de archivos descargados en mi ordenador y leyendo PDFs. Creo que es por un deseo siempre de ir más allá y de saber que lo que te están mostrando no es todo y que tiene que haber más cosas. También por un sentimiento mío de no encajar y de querer encontrar otras personas en las que verme reflejada y así saber que otro tipo de identidades son posibles. Creo que es una mezcla del sentimiento de no encajar, el deseo siempre de conocer y la sospecha de que lo que normalmente te enseñan pues no es todo lo que hay. Y sigue pasando a día de hoy, ¿no? Te enseñan pues este es el canon literario, este es el canon fotográfico y tú dices, vale, muy bien, pero tiene que haber más, siento que tiene que haber más.
C. V.: —En mi caso personal, yo vengo de una madre que tuvo mucha ausencia de archivo, no conserva fotos ni nada y un padre que es súper cosista y que lo archiva todo porque mis abuelos lo archivaban todo. Entonces se juntaron estos dos, me tuvieron a mí y me archivaron. O sea, tengo muchísimo archivo físico, fotografías, soy hija única, entonces he sido como la protagonista suprema de todo. Y es verdad que yo desde niña he aprendido a coleccionar, a curiosear, a salvaguardarlo todo, ¿no? Yo soy muy de Diógenes también. Soy de una ciudad muy pequeña de España que se llama Cuenca con muy poca población y he sido una niña analógica de biblioteca pública. A mí la biblioteca pública me lo ha enseñado todo. Pero como decía Laura, hay que ser curiosa y hay que tener este sentimiento por lo antiguo, por la memoria, por curiosear, bueno, recuperar historias, no sé, es un poco romántico todo.
—¿Cómo surgió este proyecto editorial?
C. V.: Bueno, pues yo vengo del mundo de la filología, que es como letras puras y literatura exclusiva, y ella viene del mundo de la imagen, es fotógrafa y estudió filosofía también, ella ha sido fotógrafa mucho tiempo. Nosotras somos pareja, entonces nos juntamos amorosamente y queríamos hacer un proyecto juntas, a mí me fascinaba el mundo del fotolibro, que no conocía porque en España era muy de nicho, como que se nutría entre fotógrafos, pero no era fácil acceder si alguien no te metía dentro. Y yo como consumidora de libros, pues me fascinó ese mundo de narrar solo con imágenes y de lo que ella me enseñaba de sus referentes, y nos apetecía hacer algo que hibridara mi formación que tenía que ver más con la literatura y juntar ambas disciplinas.
L. V.: —Cada una por nuestro lado pues habíamos hecho distintos acercamientos al libro. Y esto fue como la consecuencia de juntar esos dos mundos.

—Y el nombre de la editorial también se vincula con esa idea, ¿no? Entiendo que Comisura proviene del latín y remite a unir, juntar…
C. V: —A raíz de pensar un nombre para la colección Esto es un cuerpo, hicimos una lluvia de ideas de nombres que se quedaron muchos fuera. Y Comisura era uno que estuvo, que nos gustaba, pero bueno, no acabó de encajar con las otras socias que éramos en ese momento. Y luego haciendo otra lluvia de ideas pues volvimos a él porque era perfecto, era breve, fácil de memorizar y muy simbólico porque es la comisura de los párpados y la comisura de la boca. O sea, la palabra, la imagen, la mirada, era perfecta esa unión.
L. V.: —Y además, el propio nombre define lo que haces. Por eso ponemos lo del latín, porque significa literalmente juntar o unir. No necesitas explicar casi nada con ese nombre.
—¿Sienten que este formato híbrido tuvo buena recepción en España?
L.C.: —Yo creo que, aunque nosotras lo hemos vivido con un poco de sufrimiento —en el sentido de que estamos lanzando esto y no sabemos si vamos a salir adelante porque los costes son muy altos—, desde el principio teníamos claro lo que queríamos hacer. Es decir, así como los libros son un híbrido entre imagen y palabra, no queríamos hacer libros convencionales que fueran todos iguales en cuanto al diseño de colección, con el mismo papel y tal. Queríamos hacer también un híbrido en tanto fotolibro, con encuadernaciones diferentes, con papeles más cuidados, con cubiertas con distintos acabados. Entonces, claro, desde el principio nuestros libros suponían un extra de riesgo, porque la inversión de dinero es más cara y también hay menos público, como decía Carlota al principio, que todo el mundo ha leído una novela y todo el mundo tiene novelas en su casa, pero ¿quién tiene fotolibros o esta especie de libro híbrido en su casa? No hay tanta gente.
C. V.: —Otro de los grandes aciertos o suerte que tuvimos fue la distribución. Porque empezamos en una distribuidora muy pequeñita y justo a la dueña de esa distribuidora, le ofrecieron un puesto en una distribuidora muy grande. Se llevó algunas editoriales de ese mundo más íntimo a la grande y nos eligió a nosotras y nos dijo, «he decidido que os voy a llevar, ¿qué os parece? Os va a cambiar la vida», nos lo dijo así. Y es verdad que nos cambió la vida, porque es una distribución nacional brutal. Eso también conllevó un cambio de colocación de los libros, fue un salto muy grande porque de repente estábamos en todas las librerías. Nos obligó a profesionalizarnos. Fue como también un momento de inflexión, de decir, ¿nos quedamos en un ámbito más pequeñito y tal o intentamos crecer y llegar a un público más amplio? Era un reto. Y ahí estamos.

—¿Qué balance hacen de la recepción que tuvo la editorial acá?
C. V: —Bueno, un muy buen impacto. Hemos estado visitando librerías y ya vimos buena acogida por parte de los libreros, estaban los libros en las librerías que eso también ya nos dió mucha emoción, ¿no? Porque no sabíamos muy bien con que nos íbamos a encontrar. Eso fue como una primera toma de contacto con el mundo del libro de acá, que fue muy motivador para nosotras, es muy diferente a España y se vive esa cultura del libro, que no es un estereotipo, que es real. Y luego en la FED, pues estábamos un poco asustadas de ver cómo íbamos a ser recibidas.
L. C.: —Todo el mundo nos decía, «la FED es una locura, la FED es una locura», pero sinceramente, como no sé, no nos lo creíamos.
C. V: —Siempre nos dicen eso de muchas ferias. Que vais a vender muchísimo, o en la Feria del Libro de Madrid, que es como el evento más importante y canónico a nivel nacional, que vamos a vender como churros y luego pues no es para tanto, ¿no? Y pues un poco estábamos escépticas. Y no, solo el primer día vendimos la mitad del stock que trajimos. Hay títulos que se nos han agotado como “Dolor exquisito” de Sophie Calle, el de Miranda July, “Te elige” o “Archivo para no desaparecer”… Aquí hay un fervor libresco, estamos súper contentas porque sentimos que se valora el proyecto y que la gente de acá valora la materialidad de los libros, ven que es una oportunidad que estemos, nos apoyan, eso pues nos relaja mucho también porque cuando vienes a un sitio no sabes, inviertes dinero, pero no sabes cómo va a ir y en ese sentido, si al final es bueno, volvemos el año que viene.
L. V.: —A veces nos preguntamos si merece la pena, porque siempre utilizamos papeles que son más caros, o en la cubierta utilizamos serigrafía, stamping o un encuadernado diferente. Hay cosas a color y nos preguntamos ¿merece la pena gastarnos tanto dinero en la producción de los libros? ¿no podíamos hacerlos abaratar? Yo creo que esta feria también nos ha gustado mucho porque la gente ha valorado eso, en otras ferias que hemos ido de España eso no se valoraba tanto, ¿sabes? Entonces, bueno, que aquí ha sido muy bonito que la gente apreciara cada detalle de cada libro. Además es que justo los libros que se nos han agotado primero, eran todos los libros más caros, diría que eran los más diferentes y los que necesitaban un desembolso más grande, pero se ha sabido apreciar eso.
C. V.:—También hemos notado que hay un interés real por el libro, porque nos preguntan por todos. Entonces, es verdad que les da igual que éste se haya vendido más o menos, obviamente Sophie Calle es un caso aparte, pero a la gente le interesaba lo que el libro le pudiera aportar, independientemente de que fuera más o menos conocido el autor, que por ejemplo, en España sí que notamos que a veces funciona mucho…
L. V.: —La tiranía del nombre y del premio…
C. V.: —«Pues la autora ha vendido, no sé cuántos y yo lo quiero, ¿no?» Como del FOMO, esa necesidad de decir: no me lo quiero perder. Y entonces eso, aquí hemos percibido que no, que hay un lector interesado en historias y eso ha sido también muy guay.
