“Tanto el escritor como el editor son estrategas de la renovación literaria, hay algo ahí que los hermana, el juicio de valor artístico que tienen y cómo terminan interviniendo en el campo literario, pensando qué literatura se busca que circule, qué obras recuperar, y por qué”, aseguró Manuel Álvarez, editor de Marciana a Señalador.
En diez años, Marciana pasó de la ciencia ficción a un catálogo que encuentra su identidad en el cruce entre la narrativa contemporánea, la recuperación de obras y la no ficción. Fundada en 2016 por Denis Fernández, la editorial comenzó con una orientación inicial hacia el fantástico y el terror, tiempo después se sumó Manuel Álvarez y con el paso de los años ampliaron su horizonte.
Si bien comenzó más enfocada en la ciencia ficción, con los años fue abriendo su catálogo hacia otros géneros, temáticas y autores. Esta apuesta funcionó muy bien y se nota en el equilibrio y la coherencia entre los distintos libros y colecciones de la editorial.
Con motivo de su décimo aniversario, conversamos con Denis Fernández y Manuel Álvarez sobre la historia de la editorial, las obsesiones lectoras que orientan su catálogo y el trabajo de sostener un proyecto independiente en la Argentina.

Señalador: Este año Marciana cumple diez años, así que primero lo primero: ¿cómo surgió la editorial?
Denis Fernández: Marciana surgió en junio de 2016, cuando salieron los primeros dos libros, pero el proyecto lo encaré a mediados de 2015. Por muchos años fui al taller de Hernán Vanoli, y cuando él estaba armando Momofuku hubo un acercamiento para ver si formaba parte de la editorial, pero después ellos siguieron su camino y yo me quedé con la espina. Vi que era posible armar una editorial y que no había que ser un profesional en el rubro, yo no estudié edición. En ese momento les planteé el proyecto a dos amigos, que les interesó y fueron los que diseñaron Marciana. Por suerte tuve esos amigos que pudieron armar el diseño y por eso, hoy en día está todo aceitado, funciona desde ahí.
Manuel Álvarez: Yo entré a mitad de camino más o menos, pero esos primeros cinco años Denis estuvo absolutamente solo. La verdad que es increíble que estemos cumpliendo diez años, es mucho tiempo, amerita festejarlo. Siento que cada año que pasa sumamos nuevos lectores, el catálogo crece cada vez más, hasta incluso más allá de nosotros, se nos va de las manos, y eso es algo que nos llena de orgullo.
S.: Al principio la editorial estaba más enfocada en la ciencia ficción…
M. A.: Sí, y siempre le pregunto cosas extrañas a Denis y hace poco le pregunté por qué el logo de la editorial es un globo terráqueo, me contó que era por La vuelta al mundo en ochenta días, porque cuando salió el libro era ciencia ficción viajar en globo terráqueo y él, en un primer momento, pensó la editorial apuntada a la ciencia ficción, el fantástico, el terror.
D. F.: Pensé al globo aerostático como símbolo de exploración, como cuando Julio Verne llegó a África en globo aerostático e iba por tierras inhóspitas, sin explorar, y veía todo desde arriba.
S.: Eventualmente se fueron abriendo hacia otros géneros, ¿cómo se dio esa transición?, ¿Denis te buscó especialmente para eso?
M. A.: Es así como decís, los primeros dos libros, El increíble señor Galgo, de Diego Vargas Gaete, y La máquina de rezar, de Bob Chow, siguen esa línea, porque en ese momento Denis tenía muy claro que quería que fuera por ahí. Mi llegada fue totalmente inesperada, haciéndole una entrevista a Denis por Especie salvaje, su segunda novela. Nos quedamos charlando sobre libros, pegamos muy buena onda, estábamos tomando cervezas. Al principio parecía que nuestra red de lecturas no tenía mucho que ver, pero después nos dimos cuenta de que sí, mucho más de lo que creíamos. Ahí se generó cierta empatía lectora, y a los días me escribió para tomar un café. Pensé que quería seguir hablando de libros, jamás imaginé que era para proponerme ser editor con él.
S.: ¿Qué referentes e idea de editorial tenían al principio?, ¿cambió con el tiempo?
M. A.: Siempre tuvimos como horizonte a Entropía. Es una editorial que nos gusta mucho, no solo por los libros que publican sino por su estética también. Su catálogo está muy bien curado, tienen una lógica de publicación y no se apuran por hacerlo, también apuestan por muchos autores. Nos parecía que lo que estaban haciendo ellos estaba bueno, y queríamos buscar algo parecido, con nuestra impronta obviamente. Entropía también tiene esto de que los editores son escritores, y creo que eso le da un valor agregado a la editorial, y pasa en otros lados también, como Blatt & Ríos, o con nosotros.
S.: Siguiendo esa línea, ¿qué es ser editor para vos hoy?
M. A.: Un lector profesional. Para mí las tres cosas están íntimamente relacionadas. Siempre fui lector, y lo de la escritura decantó; lo mismo con lo de ser editor, fue paso a paso, casi sin buscarlo ambos. Cuando uno lee mucho, me parece que intenta reproducir en lo que hace el placer que le produce una lectura, y es lo que se busca tanto como escritor y como editor. Piglia decía que un lector es alguien que termina traicionando lo que lee, desviándolo y reescribiéndolo, buscando generar ese efecto. Es un poco como esa frase sobre el bovarismo: Madame Bovary lee para vivir lo que lee. Y el escritor lee para escribir lo que lee y el editor para publicarlo.

S.: El catálogo de la editorial es muy diverso: hay ficción, no ficción, traducciones; también conviven autores noveles con clásicos. Me gustaría saber cuál es el criterio para armar el catálogo de la editorial…
M. A.: Al principio, solo había novelas, después fuimos pensando en armar colecciones. Ahora ya tenemos tres: narrativa contemporánea, recuperaciones, y no ficción. Cada colección tiene su criterio propio y lo que buscamos es que entre los libros que las conforman haya un diálogo.
Las recuperaciones siguen siendo novelas pero en este caso lo que pesa es la recuperación, son libros que consideramos clásicos y que nos parece que no circularon lo suficiente en el país. En su momento, estaba obsesionado con publicar a Pavese, como lector no podía entender cómo no habían circulado más sus novelas en Argentina, y así empezó. Después de que publicamos a Nella Larsen y a Hemingway, empezamos a decir que teníamos que buscar autores nacionales, y así surgió Alan Pauls. Todos los años le escribo a César Aira, siempre me contesta simpático pero me dice que no, que ya está grande y ya no publica. También estuve años persiguiendo a Fogwill con un libro que me encanta de él, se llama La experiencia sensible y no se volvió a publicar, nunca entendí bien por qué. La cuestión es que hace unos años hablé con los hijos, crucé mails, parecía que iba la cosa, pero al final no se sabe, aunque todavía no está caído del todo. A veces pasa que las grandes corporaciones editoriales compran los derechos de los libros porque sí y eso complica a las editoriales independientes.
Además, para esta colección, ya tenemos contrato firmado para publicar a Angélica Gorodischer, con un libro que está buenísimo, y a Anna Kavan, una autora canadiense con una historia tremenda.
En narrativa contemporánea hoy no tenemos limitaciones de géneros, son libros que queremos que la gente lea. Cuando leí la primera página de Carcoma, de Layla Martínez, dije “esto tiene que salir en Marciana”. Me generó una electricidad que quería que se produzca en el lector. Siempre lo hacemos bajo nuestros criterios estéticos, queremos que sean libros que valgan la pena, que tengan calidad literaria. Eso es algo que también aprendí en el rol de editor: a afinar el ojo, porque leímos muchos manuscritos que nos gustaron mucho pero que creíamos que no iban para la editorial.
La colección de no ficción fue la última, idea de Denis. Primero pensamos en que fueran libros que hablaran sobre distintas artes, por ejemplo, el de Ariana Harwicz que es sobre literatura. Pero después se nos ocurrió que fueran libros puntuales sobre un tema, como pasa con el de Fer Krapp y el de Bárbara Pistoia.

S.: De Fernanda Trías publicaron su primera novela, La azotea, y ahora su primer libro de ensayo, En un rincón de mi nacerá una planta…
M. A.: El de Fer es sobre literatura y es hermoso, te emociona, te hace llorar. Es la primera vez que se anima a escribir sobre Levrero, también lo hace de forma muy cruda sobre La ciudad invencible, y de sus lecturas relacionadas a ese tema.
También me parece que hay algo muy lindo en nuestro rol de apostar por un libro y ver cómo crece, y el autor o autora también. Giovanna Rivero es un caso, no era conocida en Argentina y jamás nos podíamos imaginar que iba a generar lo que genera en los lectores. Nunca sabés cómo va a responder el público lector, incluso con nombres grandes, pero es muy lindo ver cómo crece un autor dentro de la misma casa editorial, es como que crecemos a la par.
S.: ¿Cómo eligen a los autores que publican?
M. A.: Depende. Por lo general, si es un escritor consagrado que lo conocemos y nos gusta, es cuestión de escribirle. También nos mandan manuscritos, y nos pasó de leer algunos, escribirle al autor diciéndole que nos gustó, que vamos para adelante, y nos diga que ya lo publica en otro lado porque pasó mucho tiempo desde que lo mandó. Es como te decía antes, si nos gusta, no hay mucha vuelta que darle. Después la cuestión es cómo se lo vende uno al otro porque somos dos y hay que negociar, pero siempre hay consenso, tenemos muy clara cuál es la línea de la editorial. Es raro que si a uno le gustó mucho un libro al otro no. Hay autores que fueron obsesiones y los seguimos, Alan Pauls fue así, en su momento Fran Bitar, Ariana Harwicz, Fernanda Trías.
S.: Pero hay otros que llegan…
M. A.: Sí, hay otros que llegan y no conocemos, pero nos gusta lo que hacen entonces sale. De hecho a principios del año que viene vamos a publicar a un autor que no tiene ningún libro publicado.
S.: Hace poco reeditaron El coloquio, de Alan Pauls, ¿cómo fue el trabajo con ese libro?
M. A.: El año pasado estaba corriendo mientras escuchaba una entrevista a Alan que le hizo Hinde Pomeraniec en Vidas Prestadas, un podcast de literatura y hablaba con mucha admiración sobre escritores de su vida. Esto aparece en un libro que es hermoso, de ensayos, que tiene un título súper poético: Alguien que canta en la habitación de al lado. Me puse a pensar en la influencia que tiene Alan Pauls en mí como lector y escritor, y me pregunté por qué hace tanto que no lo leía. Me encantan sus trilogías, la primera, que yo le digo la trilogía del extravío, y la segunda, de la historia, amén de El pasado, claro. Me quedé pensando en esos primeros tres libros. Sabía que El pudor lo había sacado Anagrama hace poco, Wasabi también lo había visto, y ahí dije: El coloquio. Lo googleé y vi que hace treinta y cinco años que no salía. Fer Krapp lo había entrevistado entonces le pedí su mail y él me dijo “ojo que muy probablemente no conteste”. Le escribí contándole esta idea que tenía, y habrán pasado dos semanas hasta que respondió diciendo que le contáramos más. Ahí le hice una interpretación sobre el libro y las cosas que tenía para decir hoy, y por qué creía que tenía que salir con nosotros. Y le gustó, se re copó. Con Denis habíamos pensado que sería bueno que escriba algo, un posfacio, pero no le dijimos nada porque nos daba pudor pedírselo, en vez del pudor del pornógrafo, el pudor del editor. Pero él solo nos lo propuso, fue súper generoso, y me parece que está contento con el libro, también le gustó que dos editores jóvenes piensen en esa novela puntual. Nos dijo algo muy lindo que es que no lo había vuelto a editar todavía porque estaba esperando el llamado de Marciana. Fue muy increíble.
Lo que tratamos de hacer con las recuperaciones de primeras obras, es que se vea el germen del escritor, y qué estaba haciendo en ese momento, qué le pasaba por la cabeza. Me parece que ese Alan era muy experimental, sobre todo en El coloquio, muy embebido no solo de Kafka sino de Thomas Bernhard, que era un autor que en esa época se leía y tenía mucho para decir. La verdad es que fue soñado para los dos, con Denis seguimos pinchándonos el brazo, no lo podemos creer, ojalá podamos seguir publicándolo.

S.: ¿Qué podés decir del sector editorial en la actualidad en Argentina? Las problemáticas que lo atraviesan, el aspecto económico, sus particularidades…
M. A.: El editor independiente siempre hace todo a pulmón, siempre el que es editor es muchas más cosas: diseñador, vendedor, distribuidor; en fin, cumple muchas funciones. Históricamente sacar un libro es algo caro, porque el precio del papel es en dólares. Además, en el último tiempo, se destruyó el consumo, y en un país donde el consumo está tan golpeado, es obvio que va a pegarle al libro. Me parece que los editores también tenemos otras vías de escape a lo que es la vía tradicional que es la venta de libros en librerías, por ejemplo los clubes de lectura, que son algo que a nosotros nos termina cambiando la ecuación. Eso es espectacular, ni hablar de las ferias también, sobre todo la FED.
Siempre veo al mundo editorial desde un lado de resistencia, que persiste. Es tanta la pasión por la lectura que existe en el país que se refunda todo el tiempo, siguen apareciendo nuevas editoriales. Después, cuando uno ve cómo están mirando desde arriba al mundo editorial, da pánico, con la ley del libro que quieren destruir, y uno siempre siente que está en la cornisa, pero al final termina saliendo.
S.: Teniendo en cuenta el camino recorrido, ¿tenés alguna reflexión sobre lo que es tener una editorial independiente?
M. A.: Es un camino que vale la pena. Ir por el subte y ver a alguien con un libro de Marciana, o que en la FIL de Guadalajara, por ejemplo, se acerquen lectores mexicanos o españoles que conocen la editorial, te hace pensarlo. Ya con un lector que le guste lo que hacemos alcanza, pero que se haya generado esa red de lectores marcianos hace que valga la pena todo: las horas después de hora porque los dos trabajamos, leer, editar; todo eso se ve justificado cuando hay un lector que valora el trabajo de uno.
S.: ¿Y algún consejo para quienes están empezando?
M. A.: Hay que tener la ciencia: hay momentos de resistencia y momentos que son de puro placer, que los vas a tener, cuando leés y editás eso está implícito. Como el título del nuevo libro de no ficción de Fer Trías, En un rincón de mí nacerá una planta, bueno: en un rincón de Argentina nacerá una editorial. Nacen editoriales todo el tiempo y eso es impresionante, así como dicen que tenemos el ratio más alto de librerías, me parece que en editoriales también debemos andar por ahí, y por lo general todas tienen su impronta. El que arranca una editorial tiene muy claro lo que quiere y termina llegando al lector, porque realmente hay un público lector amplio en Argentina. Es como esto que decía Aira cuando traducía de que le daba la excusa por si alguien le preguntaba qué estaba leyendo, podía decir “esto es trabajo”; bueno, ser editor te da la excusa de estar siempre leyendo. Para lectores enfermos como somos Denis y yo es la excusa ideal.
