El arte de la reedición: intervenir en la escena literaria más allá de la urgencia por la novedad

La reciente puesta en circulación de «Borges», de Bioy Casares, abre la pregunta por la apuesta hacia las reediciones. Qué lugar le dan las editoriales en sus catálogos y qué significa «recuperar» una obra o un autor.

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Sara Gallardo, Juan José Saer, Elvira Orphée y Angélica Gorodischer, recientes reediciones en librerías argentinas.

En tiempos vertiginosos, en los que la urgencia por la novedad parece dejarnos siempre en falta ante lo que hay que leer, reencontrarse con libros del pasado reciente es una apuesta de varios sellos. ¿Cómo se eligen esos textos para ser reeditados? ¿Qué pasa con los autores y autoras de esas obras cuando se reencuentran con sus trabajos de hace 10 o 20 años? Hablamos con editores que se dan la tarea del rescate como forma de intervención sobre una escena literaria con proliferación de novedades.

En algunas ocasiones la reedición de un libro puede derivar en un posterior rescate de obra completa. En otros casos, catálogos o colecciones se dedican a recuperar escritos puntuales para traerlos a dialogar en la actualidad. La serie del Recienvenido de Fondo de Cultura Económica, inaugurada por Ricardo Piglia y retomada ahora por Anibal Jarkowski, volvió a poner en escena, por ejemplo, a Libertad Demitrópulos, con la novela “Río de las congojas”, que despertó nuevas reediciones de la obrea de la autora que hoy se pueden encontrar en distintas editoriales. Otras escritoras argentinas como Silvina Ocampo en Emecé o Sara Gallardo en Fiordo tienen su obra centralizada en un mismo catálogo editorial.

En el último tiempo, autores como Alan Pauls, con libros en Alfagura, vuelve a tener un lugar en un catálogo como el de la editorial Marciana con su segunda novela: “El coloquio”. O Gustavo Ferreyra ocupa un lugar central en la propuesta editorial de Godot que viene reeditando toda su obra y que anunció para el 2027 reediciones de textos claves de Juan José Saer.

Sobre las múltiples aristas involucradas en las tareas de reedición, la decisión de incorporar libros descatalogados o volver a presentar una obra que se está buscando hace años, hablamos con los responsables de editoriales de diferentes perfiles, alcances y búsquedas.

Fiordo: la reedición sin nostalgia

“Más allá del rescate, un término que nos parece adecuado aunque algo impreciso, lo que no queremos es publicar por publicar, ni seguir saturando un mercado repleto de novedades que nadie llega a ver. Nos interesa la literatura universal que nos invite a pensar y a conversar sobre lo leído, como hacemos con las películas que nos gustan. Leemos de todo, del pasado y del presente; la buena literatura no tiene fecha de vencimiento, por más que la lógica del mercado quiera imponerla”, reflexiona Salvador Cristófaro, editor de Fiordo.

El sello responsable de reeditar, por ejemplo, la obra de Sara Gallardo tiene 15 años de vida en la escena literaria nacional y según uno de sus dos editores, su socia es Julia Ariza, no apuestan “a que las reediciones se comporten de una manera y las ‘novedades’ de otra”. Volver a poner en circulación un libro que no estaba disponible también lo consideran “una forma de la novedad”, y creen que los lectores confían en el catálogo, en la selección de títulos y en cómo los presentan, independientemente de que sean o no reediciones.

“Por otro lado, las reediciones forman parte de este oficio. Trabajar un manuscrito inédito resulta gratificante, pero reeditar es un arte en sí mismo; permite revisar decisiones tomadas en otra época y darles una vuelta, y puede adentrarnos en lógicas del pensamiento que no son las de la urgencia ni las del apremio contemporáneo. Es un trabajo que nos gusta mucho, y que no parte de la nostalgia sino de un esfuerzo de mirar la cultura como un ciclo más largo”, sostiene.

En el caso de la obra de Gallardo, la pasión por sus libros era anterior a la fundación de la editorial así que cuando la lanzaron, no dudaron en tenerla en el catálogo. El primero de los libros fue “Pantalones azules”, una novela que dentro de su propia bibliografía había quedado más relegada, se sumaron después “Enero”, “La rosa en el viento” y “Los galgos, los galgos”, entre otras. Ahora pusieron en marcha Istmo, el sello de libros ilustrados dentro de Fiordo, y la obra infantil de esta autora fue el punto de partida.

Sur y después: la reedición como novedad

Entre las nuevas editoriales de este 2026 está Sur y después, un proyecto que tiene tres integrantes: la escritora Flaminia Ocampo y las periodistas culturales Adriana Lorusso y Silvina Friera. La editorial hizo su presentación con la novela “Amada Lesbia”, de Elvira Orphée (1922-2018), quien también está siendo reeditada por Fondo de Cultura Económica con sus novelas “Aire tan dulce” y “La última conquista de El Ángel” y sus cuentos reunidos.

Pero “Amada Lesbia” no es una reedición, “es un libro que quedó esperando su turno en una computadora por más de 30 años y si decidimos publicarlo fue porque la recreación del lenguaje que hubiera podido usar el poeta Catulo para describir su pasión por quien él llamó Lesbia es un lenguaje de tal fuerza poética que perdurará, en la medida en que existan lectores con aprecio por un estilo que salga de la banalidad del lenguaje hablado”, explica Ocampo, además una de las hijas de Orpheé.

En ese sentido destaca que las reediciones les interesan en tanto “ávidas lectoras”: “De los tres libros que publicamos este año, dos: ‘Melancolía de los leones’, de Pedro Juan Gutiérrez y ‘Podría morirme ahora’, de Liliana Escliar son reediciones. Los elegimos por la originalidad tan distintiva de sus narraciones, y por lo tanto pensamos que ambos merecían nuevos lectores. Algunos libros no aparecen en el momento indicado, son en general libros visionarios, que pasan inadvertidos porque están relatando un tiempo, una historia o usan un lenguaje que suena distinto a lo que se escribe en general en ese momento o esa época. ‘Podría morirme ahora’ es un buen ejemplo. Por supuesto lo que relata ya ocurría a principios del siglo XXI cuando fue publicado después de ganar el premio Planeta (en ese entonces con el título ‘La arquitectura de los ángeles’) pero ocurre aún más ahora. Es como si hubiera necesitado del paso del tiempo para acumular las pruebas de que es una historia que sigue pasando y es esa continuidad que le otorga aún más fuerza narrativa de la que tuvo en su primera edición”.

En diálogo con Señalador adelanta que en noviembre publicarán “El hombre que escribe”, de Luis Gusmán, sobre su amistad con Ricardo Piglia. “Como hay muchas menciones y citas sobre la escritura de Piglia, también se podría ver casi como una reedición de un libro que no fue escrito pero que necesitaba serlo porque ahí estaba, en la mente de Gusmán, con todas las palabras bregando por ser usadas otra vez en una nueva interpretación”. 

Club cinco: reeditar como tarea detectivesca

Club Cinco es un sello dedicado a la reedición, empezó siendo un proyecto colectivo y dejó a Yair Magrino como único responsable. Sobre las reediciones considera que “han existido siempre, por ejemplo, las obras completas de un autor. Hoy por hoy, ese nicho está captado por los grandes sellos porque son los únicos que pueden garantizar la circulación de 10 o 15 títulos de un mismo autor”.

En cambio explica que las editoriales independientes, por lo general, no llegan a 50 títulos y “sería impensable que un autor monopolice el 20% de un catálogo. Y ni hablar de las tiradas. Todo eso requiere una inversión de capital que pocos actores puede soportar. Eso nos obliga al resto a aguzar la vista y el oído. Chusmear bibliotecas. Mirar solapas. Estar atento a las recomendaciones. Es la única forma: habitar las hendijas del mercado”.

El más reciente libro publicado es “Fuegia”, de Eduardo Belgrano Rawson, autor que lleva reeditado con este sello también “Setembrada”. Se trata de dos títulos que estaban “injustamente discontinuados” y su llegada nuevamente a las librerías permiten ponerlos en valor, darles lugar en otras bibliotecas, buscarle nuevos lectores.

¿Qué pasa con los autores al reencontrarse con obras escritas hace tanto tiempo? “Algunos no quieren encontrarse nuevamente con sus textos. Pasaron 20 años y advierten ahí ciertas falencias. Son 20 años de lecturas que inevitablemente transforman. Y son 20 años de oficio. Hay búsquedas estéticas, temáticas que van mutando, entonces, ir hacia atrás y puede que genera cierta incomodidad. De todos modos, por lo general, salvo casos puntuales, hemos logrado transmitir la serenidad y la confianza de que esos textos son valiosos, que tuvieron y siguen teniendo algo para contar. Esa supervivencia, esa vigencia nos habla de su relevancia en nuestra literatura”.

Magrino define su tarea como detectivesca porque implica “andar chusmeando bibliotecas, fisgonear contra solapas donde se apilan títulos de colecciones antiguas, parar la oreja ante las sugerencias de un autor o un título, y especialmente, de repasar lecturas”.

Así fueron publicando “Rojo”; de Aníbal Jarkowski; “Montevideo”, de Federico Jeanmaire; “La señorita Porcel” y “Kavanagh”, de Esther Cross y “Una reina perfecta”, de Inés Garland, entre otros. “Es una apuesta, un gusto casi personal, porque pienso que la literatura no puede leerse como islas: literatura argentina, literatura libanesa, literatura queer, lo que sea. Una de nuestras premisas fundamentales fue ‘advertir nuestras repeticiones’, entonces ¿por qué no ver qué repeticiones producen un mapa latinoamericano?  O al menos, ver si hay algo en común. El desarrollo del catálogo me dará una respuesta”, explica en relación a tarea que se dio en el último tiempo de sumar reediciones de escritores latinoamericanos como Gustavo Espinosa de Uruguay (“Las arañas de Marte”) o José Carlos Agüero de Perú (“Persona”).

Seix Barral: el desafío de volver a publicar una obra completa

Mercedes Guiraldes es editora de Seix Barral y en diálogo con Señalador cuenta cómo es la tarea de reedición de autores y autoras como Juan José Saer, Osvaldo Soriano, Ernesto Sábato, Rodolfo Walsh, Angélica Gorodischer y José Pablo Feinmann cuyos fondos editoriales están un sello del impacto de Seix Barral. 

Define el tratamiento de estas obras como “un trabajo de rescate y puesta en valor intenso y sostenido” que, en muchos casos, implica el lanzamiento de nuevas ediciones, con una estética de tapas pensadas especialmente y textos de contratapa o prólogos encargados a autores contemporáneos afines. El objetivo es acercar esas obras, cuyo valor e interés están plenamente vigentes, a los lectores actuales. 

“Hay una búsqueda activa por nutrir al sello Seix Barral, que antes era eminentemente un sello español y de autores en traducción (Siri Husvedt, Giuliano Da Empoli, Muriel Barbery, Erri de Luca, etcétera), de autores argentinos recientes. Es el caso de Adriana Riva, Guillermo Martínez, Josefina Licitra, Juan José Becerra, Tamara Tenenbaum, por citar algunos. El prestigio del sello se une así a un criterio de novedad y renovación, que es muy bien recibido por lectores y libreros. En la editorial hablamos de ‘la mancha blanca’ que producen todos los libros cuando están exhibidos juntos en una librería y que resulta muy potente y atractiva”.

Sobre la recepción de estas obras, Güiraldes afirma que los sorprende “muy gratamente la recepción que vienen teniendo estos rescates de fondos editoriales prestigiosos y la publicación de autores novísimos en Seix Barral”. Notan que “hay autores, como pueden ser Saer o Gorodischer, que estaban menos visibles y, al aparecer aluvionalmente en las librerías, llegan a autores y lectores jóvenes que quizá no los tenían tan presentes”. “Nos llegan muchas muestras de agradecimiento y de alegría por parte de gente muy diversa frente al descubrimiento o el redescubrimiento de esas obras fundamentales de nuestra literatura”, enfatiza la editora.